
María José Acosta Orge (Jerez, 1947).
“Voy a contar la historia de mi abuelo Rafael Orge Mejía tal cual mi madre me lo decía”, saluda María José Acosta Orge (Jerez, 1947). “Mi madre estaba en el almacén para comprar por la mañana; y llegaron unas señoras que, hablando entre ellas, mi madre escuchó: Esta noche han fusilado a Orge y al que estaba con él escondido”, relata su nieta. “Y mi madre se fue corriendo a su casa para decírselo a su madre y a su tía. Y nada, mi tía salió corriendo a comisaría…”, prosigue.
Antes de aquel episodio, los guardias fueron varias veces a su casa a buscarlo, registraban cada habitáculo; pero Rafael permanecía escondido junto a un compañero en la casa de una amiga. “Ambos se escondieron debajo de la estufa”, detalla María José. “Allí mi abuela le llevaba cosas, como por ejemplo un pañuelo. Yo tenía una carta, que desapareció, donde mi abuelo le decía a mi abuela que le mandara cosas, que aquello iba a terminar: porque la tortilla iba a dar la vuelta”.
Sin embargo, una noche alguien de la casa dio el chivatazo. “El cuartel de la Guardia Civil estaba en frente de donde ellos estaban. Y lo cogieron. Se lo llevaron. Y ya ellos no supieron nada más de su padre”, lamenta su nieta. Rafael Orge Mejía, antes de ser concejal de Enseñanza del Ayuntamiento de Jerez, tenía su propio taller de pintura, con su plantilla de trabajadores. “Pero aquello desapareció, se lo quitaron todo”. Si bien la dictadura franquista apresó a todo el equipo del gobierno local, María José cree que matan a su abuelo materno, por masón: “Además, fue un miembro muy importante de la masonería”.

Retrato de Rafael Orge Mejía.
Tras el asesinato: el desamparo. “Para mi familia, perder a mi abuelo Rafael fue devastador. Mi abuela se queda con cinco hijos. La mayor era mi madre, con 17 años, pero la más chica tendría 2 añitos. Sin tener quien trabajara… La que sacó adelante a todos fue mi tía Rosa. Mi abuela también trabajaba, pero ella fue la que levantó a la familia, la que sacó a todos hacia adelante”, asegura emocionada.
“Mi madre me cuenta que, de noche, sentía los suspiros de mi tío Salvador, suspiros de hambre; y que se comía las algarrobas… Mi madre siempre lo contaba con una pena terrible”, comparte María José. En casa, recuerda que nunca se ocultó la historia de Rafael, al contrario, su abuelo siempre estuvo muy presente, siempre estuvo en mente. “En mi casa se hablaba. Es más, se escuchaba La Pirenaica (Radio España Independiente), que era una emisora que hablaba de las cosas que pasaban aquí en tiempos de Franco. Yo siempre veía a mi tía Rosa y a mi padre, los dos, muy callados, escuchando la radio. En ese momento no sabía qué escuchaban, pero sí que me acuerdo de ello”.

La libreta del »Abuelo Viruta» donde se lee »Orge Mejía, concejal».
Haciendo memoria, María José y su prima Carmen decidieron seguir indagando y escarbando en la historia de Rafael Orge Mejía para reconstruir y poder armar su propio relato. “Siempre hemos querido saber más. Mi prima es la que se interesó en ver quién le podía dar más información. Y cuando se fundó la Asociación de Memoria Histórica de Jerez, nos apuntamos. Y la madre de ella fue la que dio el ADN”. Para ella y su familia, que se ponga en valor la imagen y el recuerdo de las personas fusiladas tras el Golpe de Estado de julio del 36, significa reconocimiento. “Me parece fabuloso que se haya podido hacer esto para que sepamos de ellos, para que sean reconocidos por lo que pasó”, sonríe.
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