Esta sección reúne las historias recuperadas en el marco de Que queó, un proyecto impulsado por la Asociación de Familiares y Amigos por la Recuperación de la Memoria Histórica de Jerez y Comarca, con el apoyo de la Diputación de Cádiz.

A través de la investigación histórica, la fotografía y el testimonio, este espacio da voz y rostro a las personas represaliadas por el franquismo en Jerez y su comarca, manteniendo viva su memoria y su dignidad.

Candela Núñez Gutiérrez (directora del proyecto Que queó) y Claudia García Moneo (redactora principal).

Amaro de la Calle García.
“En mi casa nunca se había hablado de mi abuelo. Mi padre no hablaba de ellos. Mis hermanos mayores decían que era anarquista, pero nunca se definió qué le ocurrió al abuelo”, relata Amaro de la Calle García (1963, Jerez).

Ana Morales.
“A raíz del asesinato de mi abuelo Antonio, todo fue mal. La familia se rompió”, así narra Ana Morales (1971, Jerez) el desenlace de los familiares de las víctimas del Franquismo.

Miguel Arjona y Ana Morales.
“Nací en una casa donde se lloraba día y noche, y donde olía sangre”. —Ana González Arjona (Jerez, 1937)
“Mi padre me hablaba excelentísimamente de él. Decía que era un hombre con muchos principios, con grandes valores, muy trabajador…”. José Arjona Ocaña era presidente de la sociedad de arrumbadores, en Jerez de la Frontera. Una de las actividades económicas principales en el pueblo, “y supongo que ese sería el motivo por el que finalmente pusieron fin a su vida, a sus 28 años de edad”, especifica su sobrino Miguel Ángel Arjona Cuenca (Jerez, 1976).

Ángel Luis León Caballero.
“De buenas a primera, mi abuela Ana se ve en la calle con cuatro hijos, comparte Ángel Luis León Caballero (Jerez, 1959), quien denuncia el fusilamiento de su abuelo José Manuel León Rodríguez, popularmente conocido en Jerez como ‘El latero de la calle Francos’, así como todo lo que después ocurrió tras el asesinato de su abuelo paterno.

Ángeles Barba Gálvez.
¿Qué venís a comprar la sangre de mi marido?”, así de firme se mostró Ángeles Fernández Solís cuando rechazó la pensión para las viudas de guerra. “Mi abuela renunció porque tenía que firmar que su marido había fallecido y ella les dijo: No, mi marido no ha fallecido. A mi marido lo han matado y eso no lo voy a firmar”, relata su nieta Ángeles Barba Gálvez (1966, Jerez)

Un retrato de Miguel García Román.
En el año 1996, Antonio García Fernández (Jerez, 1963), nieto de Miguel García Román (Jerez, 1904), conocido como ‘El Niño de los Nardos’, decidió entrevistar a su tía, Ana García Román, para que contara la historia de su hermano, perseguido y fusilado en el Alcázar de Jerez de la Frontera, en el año 36.

Celestina González Galán.
“Mi tía le llevaba todos los días la comida a mi abuela, a la cárcel. Le hacía la canastilla, los trapitos que le pudiera hacer en aquellos tiempos. Imagínate. Y el día en que mataron a Primo de Rivera, la ejecutaron a ella”. Así narra Celestina González Galán (1948, Jerez) el último día de vida de su abuela paterna María
Hormigo Reina.

Daniel Jiménez Sánchez.
José María Sánchez Barrios (Jerez, 1896), conocido popularmente como ‘El Abuelo Viruta’, no aparece en este libro como fusilado, sino como apuntador. Porque gracias a su diminuta libreta, donde fue apuntando a todo aquel que iba desapareciendo o era arrestado tras el Golpe de Estado, “se ha conseguido un registro fiable” de los asesinados por el bando sublevado en Jerez de la Frontera.
“Mi abuelo registró hasta 131 personas, constatadas con su nombre, apellido o apodo, y sus profesiones”, señala su nieto Daniel Jiménez Sánchez (Jerez, 1971).

Diego Yesa Ruiz.
“Antonio, ten cuidado, que van a ir a por ti. Estás en una lista”, le alertaron sus amigos. “Yo por qué me voy a esconder, si no he hecho nada malo”, contestaba Antonio Ruiz Terán (1892, La Puebla del Río). “Mi abuelo era vicepresidente del sindicato Unión Jerezana de camareros, y él lo que hacía era trabajar por mejorar las condiciones laborales de los camareros”, cuenta con admiración su nieto Diego Yesa Ruiz (1960, Jerez).

Fina Pavón Cardoso.
“Busco a mi tío Juan Pavón Torregrosa (1917, Jerez), que lo mataron con 18 años”, saluda su sobrina Fina Pavón Cardoso. “Que lo mataron, eh”, enfatiza con rabia. “Como mi tío hay miles y miles de personas en las cunetas que todavía no se sabe nada, y yo me moriré y no sabré nada”. Tras el alzamiento del 18 de julio del 36, “llamaron a la puerta de mi abuela —el número 18 de la plaza Monti— y le preguntaron por su hijo Juan”.

Joaquín Vergel Barea.
Conozco la historia de mi tío abuelo Jerónimo porque mi abuelo Joaquín, que debería de haber sido mi padrino, no aparecía en las fotos que teníamos de mi bautizo. Al principio era muy reacio a contarlo, pero un día le pregunté a mi abuelo y me dijo que él no entraba en las iglesias porque los curas habían matado a su hermano”. Así comienza a narrar Joaquín Vergel Barea (1962, Jerez), la historia de su tío abuelo materno, Jerónimo Barea Castillo.

José Castilla Flores.
“Papá, yo quiero ver al abuelo. Y un día, me dijo: Pepito, hijo, vamos a ir a ver al abuelo. Y me llevó al cementerio viejo, en la calle Santo Domingo, antes de llegar a la plaza del Caballo. Me dijo, mira: Ahí está tu abuelo. Y me señaló la fosa común, donde se veían los cadáveres amontonados”, relata José Castilla Fernández (Jerez, 1955), nieto del fusilado Vicente Castilla Flores en el verano de 1936, tras el alzamiento del bando sublevado. “Ese momento lo sufrí mucho. Me impactó. Y yo creo que ahí ya se me quedó. Le fui dando vueltas y…”, añade emocionado.

De izquierda a derecha, María, Elena (su hija) y Ángeles ( su hermana).
“Pero ya no regresó. Lo apresaron a él y a otros compañeros del Ayuntamiento, y a muchos vecinos del barrio de San Miguel, de la calle Cazón. Él pensaba que no le iba a pasar nada porque los guardia civiles eran vecinos de toda la vida; eran amigos… Quedaban para charlar, echarse unos vinos… No pensó que fueran a ir a más, que fueran a hacer algo grave. Y que fueran ellos mismos los que…”, cuenta Elena Moreno Gómez (Jerez, 1978), nieta del fusilado José Gómez Cantillón tras el Golpe de Estado de julio de 1936.

Manuel (Abuelo), Jose Manuel (Hijo) y Jose María ( Nieto).
Manuel desapareció una noche, en la calle Molino de viento, en el barrio de San Miguel, donde él vivía. “Mi abuela me contó que mi padre venía de trabajar. Se estaba lavando para cenar y acostarse. Y llegaron allí dos o tres de estos que habían entonces. Y preguntaron por él. No, es para hacerle unas preguntitas, dijeron. Se lo llevaron en un coche y adiós que te vi. Yo tenía 2 años entonces…”, relata Manuel Mateo Santiago (Jerez, 1934) entrecortado.

Juan Canca y Fernando López, Abuelo y nieto.
“Yo no he conocido a mi abuelo. Mi familia, mi madre, mi tío: todos; nunca hablaron de él. Y lo único que supimos mi hermana y yo, cuando ya éramos mayorcitos, es que el abuelo tenía un camión; y que desapareció el camión y el abuelo. Y ya”, cuenta Juan Luis Canca Montes de Oca (Jerez, 1939), quien decide narrar lo que le ocurrió a su abuelo materno Manuel Montes de Oca (su segundo apellido, lo desconocemos), para sacarlo del silencio, de la inexistencia.

Luis Chacón Molina.
Luis Chacón Molina (Jerez, 1957) está inquieto. Nervioso. Hoy se sienta a contar la historia de su tío Luis Chacón González; para honrar a su padre José Chacón González. Porque si Luis siguió vivo tras ser fusilado en el 36, fue gracias a la memoria y el recuerdo siempre presente de su hermano José. “Mi padre lo pasó muy mal en su vida. Lo echó mucho de menos. Y me lo contaba una vez y otra vez, y otra vez hasta que… me lo inculcó”, expresa Luis.

Familia Ortegón.
“Aquí descansan los restos del íntegro Andrés Ortegón. Todo el batallón lo llora por su noble corazón. Sus queridísimos padres, aún sin saber nada, pero quedan en su lugar Ildefonso y su compañera Juana”, se puede leer en la lápida del nicho donde enterraron a Andrés Ortegón Linares (Jerez, 1912), en el cementerio de Torredelcampo, Jaén. La historia de este jerezano es diferente a la del resto de víctimas del franquismo que se recogen en este libro. Porque Andrés no fue señalado ni arrestado, sino que fue movilizado por el ejército de Franco.

María del Mar Abucha De Dios.
“Mi madre desde pequeña nos ha contado a mis hermanos y a mí que al padre de su marido, mi padre Luis Abucha Piñero, lo mataron en la guerra. Esa ha sido siempre la historia que nos han contado. Pero con mucho silencio. Sin detalles, con mucho miedo. Nadie quería hablar”, comparte María del Mar. “Y claro, una tiene la curiosidad de saber qué pasó…”.

María José Acosta Orge (Jerez, 1947).
“Voy a contar la historia de mi abuelo Rafael Orge Mejía tal cual mi madre me lo decía”, saluda María José Acosta Orge (Jerez, 1947). “Mi madre estaba en el almacén para comprar por la mañana; y llegaron unas señoras que, hablando entre ellas, mi madre escuchó: Esta noche han fusilado a Orge y al que estaba con él escondido”, relata su nieta. “Y mi madre se fue corriendo a su casa para decírselo a su madre y a su tía. Y nada, mi tía salió corriendo a comisaría…”, prosigue.

Miguel Ángel Arjona Cuenca (Jerez, 1976).
“La Guardia Civil o los milicianos vinieron buscando a mi abuelo, Manuel Cuenca Hernández, y fue mi tío, que por un casual estaría allí o lo que fuera; quien se entregó, queriendo salvaguardar el hecho de que mi abuelo tenía seis niñas pequeñas. Donde tenga que ir, me voy yo, les dijo”. Así fue como su tío abuelo José Antonio Cuenca Hernández dio la vida por su hermano y el futuro de su familia. “Según la versión de mi madre, así se llevaron a su tío”, detalla Miguel Ángel Arjona Cuenca (Jerez, 1976), quien busca justicia, democracia y dignidad para sus familiares fusilados al inicio del Golpe de Estado del 36.

Rocío Atalaya Peralta.
Así relata Rocío Atalaya Peralta (Jerez, 1967) lo que sufrió la familia de su padre tras el asesinato de su abuelo, Mariano Atalaya Rodríguez, nacido en Jerez de la Frontera y desaparecido en Alcalá de Guadaira tras el alzamiento del 18 de julio del 36. Mariano, maestro tonelero en una empresa de Espartinas, también era sindicalista. Un día, tras el estallido de la Guerra Civil, mientras jugaba a una partida de dominó, se le acercó un amigo para advertirle: “Te están buscando, estás en la lista negra. Vete”.

María Retamero Fernández, madre de Paco de La Rosa, quien nos cuenta la historia.
Francisco Retamero Rodríguez (Jerez, 1894) fue el primer fusilado de Jerez de la Frontera tras el alzamiento del 18 de julio del 36, según los registros y según nos cuenta su nieto, Paco De la Rosa Retamero (Jerez, 1952). “Cuando el Golpe de Estado llegó aquí, lo primero que hicieron fue ir a la delegación municipal y empezar a detener a la gente. Mi abuelo se escondió, pero después lo encontraron y se lo llevaron a la plaza de la Hierba, donde lo tuvieron encerrado; hasta que el 10 de agosto de 1936, un lunes por la mañana, se lo llevan al pozo de la víbora y lo fusilan allí”, relata Paco.

Ana María Benítez Martínez, Antonio Javier Montero González y Eva María Delgado Martínez.
“José María vivía en una casa de vecinos. Él, que estaba soltero, vivía con su padre, viudo. Una noche, llamaron a la puerta. Él estaba dormido; y su padre fue el que tuvo que ir a despertarlo. A decirle: José María están ahí por ti. Y esa fue la última vez que lo vio. Se lo llevaron”. Así narra Ana María Benítez Martínez (Jerez, 1963) el último día que vieron con vida a su tío abuelo José María Andrades Zarco, nacido el 18 de abril de 1913 en Chiclana, y desaparecido en Jerez días después del Golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Belu Pérez Beas (Jerez, 1953).
A Ramona Pérez Román (Jerez, 1917) la violaron y la fusilaron los falangistas el 22 de julio de 1936, cuando tan solo tenía 19 años de edad, en la alcubilla de Jerez de la Frontera. Aquel día, dos falangistas se presentaron en la calle Mariñíguez buscando a Juan Carlos Pérez Román, hermano de Ramona, que pertenecía a un partido de izquierdas; pero Juan Carlos no se encontraba en su domicilio.

José (Pepe) Gómez Sánchez. (Bornos, 1964).
“Una madrugada de ese verano de agosto, unos falangistas y el municipal del pueblo llegaron a las 3 ó 4 de la mañana a su casa. Y se lo llevaron a la cárcel del pueblo. Allí estuvo tres días —eso sí me lo contó mi padre— que mi abuela le tuvo que llevar el colchón porque allí estaban amontonados. Le estuvo llevando comida, le llevó ropa…, y al tercer día ya le dijeron: Mira, ya no vengas más que tu marido ya no está aquí. Y hasta hoy”. Así narra José Gómez Sánchez (Bornos, 1964) los últimos días de vida de su abuelo paterno, José Gómez Rodríguez, desaparecido por el régimen franquista junto a sus dos hermanos: Domingo y Manuel.

Juan Troncoso García (Jerez, 1962) con un retrato de su abuelo Juan García Guerrero.
“Yo sé que mi abuelo Juan era trabajador de la fábrica de botellas, que era sindicalista y que lo cogieron. Mi tío Manolo, que era el mayor, y mi tío José, estuvieron buscándolo. Y nada, hasta el día de hoy, desapareció del mapa”, relata su nieto Juan Troncoso García (Jerez, 1962). “Estuvieron buscándolo durante un tiempo, pero nada. No hay registros de él, su nombre no aparece por ningún lado”, enlaza. Menos en la libreta del abuelo Viruta, “ahí sí sale”.

María Luisa Cobos Peña (Jerez, 1954).
“Mi tío le dejó una nota a un compañero para que se la llevara a su madre, mi abuela Ana Peña Ruiz; en la que le decía: Mamá, mándame una muda porque me han cogido saliendo del trabajo; y él se quería cambiar. Cuando mi abuela fue a llevarle la muda; le dijeron que lo habían fusilado. Fue cogerlo y matarlo”. Cuestión de horas. Su sobrina, María Luisa Cobos Peña (Jerez, 1954) recuerda la memoria de su tío Antonio Cobos Peña, fusilado tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936.

Miguel Calvo Ramos con un retrato de su abuelo, Miguel Calvo Morelló.
—¿Qué le hicieron a su abuelo los que se lo llevaron?
—Le dieron una paliza que le destrozaron los órganos internos. Le hicieron beber una cantidad de aceite de ricino indeterminada que le provocó un fallo orgánico casi de muerte. Mi abuela lo llevó al médico y este le dijo: Señora, ¿Qué me trae aquí un muerto?

Pedro Grimaldi Aguilera (Jerez, 1957).
»Él tenía una camioneta con la que se buscaba la vida dando portes. Pero las brigadas franquistas y los golpistas le requisan la camioneta y le obligan a transportar a los presos republicanos al camino de la Trocha, donde los fusilaban. Esa fue su rutina sistemática: tenía que llevar a los presos en su camioneta, pero no solo eso, sino que le obligaban a presenciar los fusilamientos”, así narra Pedro Grimaldi Aguilera (Jerez, 1957) la violencia a la que se vio sometido su tío abuelo materno, José Gómez Acedo, tras el levantamiento militar del verano del 36, en Jerez de la Frontera.

Rosario Parra Salado (Jerez, 1951), Carmen Parra Salado (Jerez, 1947) y Elena Jiménez Parra (Jerez, 1982).
“Mamá, antes de todo, estoy bien. Tú no te apures, que en cuanto esto se arregle salimos de aquí, somos presos preventivos y no tenemos condena”, reza una de las cartas que Manuel Parra Rodríguez (Jerez, 1907) escribió en el penal de El Puerto. “Y no sabemos dónde está. Me encantaría saberlo. Y poder llevar sus restos a mi abuela… Pero… Eso va a ser imposible”, llora su sobrina Rosario Parra Salado (Jerez, 1951), quien se encuentra arropada por su hermana mayor, Carmen Parra Salado (Jerez, 1947), y su hija, Elena Jiménez Parra (Jerez, 1982).

Jesús Palomo Rodríguez.
Fernando Porrúa Scott fue fusilado por las fuerzas franquistas el 10 de agosto de 1936, a sus 28 años de edad. Porrúa era natural de Arcos de la Frontera. Se mudó a Jerez en el año 1914. En el 30, vivió en la barriada de Torresoto, y luego, en el número 26 de la calle Vicario. Cerrajero municipal de profesión, fue un reconocido sindicalista de la CNT, perteneciente también a la FAI (Federación Anarquista Ibérica). “Y creo que ese fue el motivo por el cual lo mataron”, destaca Jesús Palomo Rodríguez, a quien su primo Enrique Roldán Rodríguez, en su lecho de muerte, le encargó continuar con la investigación sobre la historia de Fernando.

Joaquín Carrera Moreno (Jerez, 1959).
Para contar la biografía del escritor Manuel Moreno Barranco (Jerez, 1932), primero hay que conocer la historia de su padre, Manuel Moreno Durán, desaparecido el 26 de agosto de 1936 durante el Golpe de Estado, a los 26 años de edad.

José Antonio de los Ríos (Jerez, 1967).
Félix Patiño Cárdenas (Jerez, 1892), trabajó, al igual que tantos otros jerezanos en aquella época, como arrumbador en las bodegas de Sandeman. Fue también secretario del sindicato de arrumbadores, que estaba asociado a la CNT. “Fue un sindicalista, un representante de los trabajadores, pero no tuvo ningún vínculo directo con la política”, cuenta su sobrino, José Antonio de los Ríos (Jerez, 1967).

Nuria Ramírez García ,Mercedes Lozano Jiménez y Jesús Ramírez Huerta.
Entre 2005 y 2010, Pilar Jiménez y su tío Francisco Ramírez pasaron casi todos los domingos frente al ordenador, tecleando en algún buscador de internet el nombre de Juan Ramírez Perales. 70 años después de su desaparición, sus descendientes le seguían buscando. Una labor que ha ido pasando de generación en generación. El terror del régimen franquista enmudeció a muchas familias, convirtiendo en tabú la realidad: fusilamientos, represalias, torturas, cuerpos en cunetas… De eso no se hablaba en casa.
“Mis abuelos fueron asesinados dos veces. La primera, físicamente por los fascistas. Y la segunda, por el silencio”. No fue hasta los 60 años de edad cuando Juan Máximo Hombre supo que sus padres habían sido asesinados en la primera semana del Golpe de Estado. Carmen Máximo, su hija, tenía 40. Fue gracias a un homenaje que Carmen empezó a tirar del hilo y a reconstruir la historia de sus abuelos. Juan Máximo Salazar y Carmen Hombre Ponzoa.

María Ruíz Pantoja (Jerez, 1955).
María Ruíz Pantoja (Jerez, 1955), recuerda a su abuelo Antonio Ruíz Gómez, nacido en torno al 1908 y desaparecido en la calle Cantarería, en el barrio de Santiago, en una madrugada del 36. Antonio fue hermano del célebre bailaor Francisco Ruiz Gómez, conocido artísticamente como ‘Paco Laberinto’. Pero, ¿Qué se sabe del hermano que no pudo dejar su nombre escrito en ningún libro?

José Manuel ‘Pepe’ Trillo Marín (Jerez, 1957).
—La próxima loza que se va a colocar en Jerez sobre memoria histórica es la de mi abuelo Honorio.
—¿Qué aparecerá escrito en ella?
—A él se le va a poner: en memoria de Honorio Marín González, un luchador. Porque mi abuelo era un luchador. Y en la familia el que más lo recuerda e intenta imitarlo soy yo; porque yo quería ser como él.

José Antonio García Giráldez.
Bicho malo era el apodo de Antonio Giráldez Medina, nacido en Olvera en 1911 y fallecido en El Torno (Jerez) en 1964, tras pasar una vida llena de tránsitos entre distintas prisiones, campos de concentración y pueblos andaluces con el bando republicano. Pero ya se sabe, bicho malo nunca muere.

José Pérez Jiménez (Jerez, 1956).
José Pérez Beas nace en 1897 y desaparece en el 1935, en la misma casa de la calle Alcaidesa, en pleno barrio de San Mateo, en el intramuros jerezano. Fue el abuelo de José Pérez Jiménez (Jerez, 1956), quien ahora nos cuenta su historia. José Pérez Beas estuvo casado con Rosario Mey, la persona que mantuvo viva su memoria. Como suele ocurrir con las personas fusiladas en la Guerra Civil, esta memoria se transmitió a base de pequeños fragmentos, a veces tan siquiera algunas palabras. Siendo José Pérez Jiménez un niño, su abuela Rosario le contó que un día al llegar a casa, su marido había desaparecido. Fue a la cárcel de la plaza Belén a buscarlo pero no estaba. Nunca más lo vio. No hubo sentencia ni rastro de su cuerpo. Simplemente desapareció y no quedó ninguna huella. La abuela de José Pérez fue quien le habló de su abuelo, sin embargo, su padre se mantuvo al margen. “No tengo recuerdos de mi padre hablando de mi abuelo, solo contaba que lo habían matado”.

Juan Martín Pruaño.
Andrés Domínguez Pavón nació en 1907 en la calle Molino del Viento. En abril del 36 se casa con Manuela Pruaño García, vecina de la calle Molineros. En septiembre del mismo año lo matan. En palabras de Juan Martín Pruaño, sobrino de Andrés, su tío materno tuvo “una vida muy complicada, pero tuvo carisma, alma de líder y fue muy buena persona”. Siendo un niño fallece su padre y siendo joven su madre, por lo que se queda como cabeza de familia. La trayectoria vital de Andrés Domínguez estuvo marcada por otros dos sucesos importantes: pasó el servicio militar en el norte de África y fue trabajador de la bodega de Williams desde los 14 años, donde se vinculó al sindicato de toneleros en los últimos tiempos. Cuando estalla la guerra, él estaba de encargado.
“Me siento muy orgullosa porque he resucitado a mis abuelos. Estaban completamente en el olvido. Han pasado años sin que nadie hablara de ellos, y ahora mi abuela va a aparecer en un libro sobre la memoria de las mujeres ferroviarias”. Estas son las palabras de Isabel Rosa Díaz (Maribel), (Córdoba, 1965) recordando la vida de sus abuelos paternos, Miguel Rosa Jiménez e Isabel Paz Jiménez. Ambos nacieron a finales del siglo XIX o principios del XX en la provincia de Córdoba.
No se sabe con certeza dónde nació Salvador Linares Barrera en el año 1917, probablemente en la Sierra de Cádiz, en la zona del Tempul, pero sí se sabe que vivió junto a su hermano en la calle Molineros del jerezano barrio de San Miguel y que murió en 1941 en el campo de concentración de Gusen, en Austria, con 24 años. Salvador Linares pertenece a la lista de jerezanos deportados en campos nazis, donde fueron asesinados durante la II Guerra Mundial. En 2023, la iniciativa ciudadana Stolpersteine financió y colocó placas en la memoria de estos hombres, entre ellos la de Salvador.
Antonio Montes de Oca Romero (Algar, 1895) fue profesor y una persona con fuertes ideales políticos. En 1917 se traslada a Jerez, donde conoce a Salvadora Gómez Venegas, nacida en Paterna de Rivera y criada en la jerezana calle Ramón de Cala. Se casaron en la iglesia de San Miguel y vivieron en la calle Balderramas, en el barrio de San Mateo. Antes de eso también habitaron una casa en Ramón de Cala y Molino de Viento. Estuvo preso en el penal del Puerto de Santa María, del 34 al 36. El 17 de julio del 36, la Guardia Civil fue a buscarlo a su casa, y él salió disfrazado por los tejados y consiguió escapar.

Raúl Ramírez Dorantes (Jerez, 1971) y Ángeles Dorantes Sánchez (Jerez, 1956).
Raúl Ramírez Dorantes (Jerez, 1971) y Ángeles Dorantes Sánchez (Jerez, 1956) se encuentran sentados en el banco central del memorial de El Retiro. Sobrino y tía, vienen a hilvanar la historia de sus antepasados. Una menuda, arrebatada joven, a los 40 y tantos, con el Golpe de Franco. Y otra larga, pero no próspera; llena de pobreza, miedo y mucho silencio, hasta que el caudillo dio su último aliento. Y ambos, bajo el mismo nombre: José Dorantes.

Silvia Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1975), junto con su prima Susana y sus hermanas Inma Rodríguez-Tenorio Bernal (Cádiz, 1970) y Rosa Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1962).
Paco Bernal Vargas (Jerez de la Frontera, 1895) fue concejal de Izquierda Republicana en el Ayuntamiento de Jerez, tras las elecciones del 16 de febrero de 1936. Cinco meses estuvo en el cargo. El 18 de julio: Golpe de Estado. Y la corporación municipal: los primeros señalados. “Don Guido Williams, dueño de la Bodega Williams, le dijo: Paco, vete a Gibraltar, vete para Reino Unido; allí no te pasará nada. Pero él dijo que no tenía nada que temer, que él no había hecho nada”, explica Susana Bernal Gutiérrez (Jerez, 1966), nieta de Paco.

Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955).
“Mi madre decía que se llevaron a su hermano mayor porque él ayudaba a arreglar papeles a algún vecino…”, comparte Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955), quien hoy pone sobre la mesa el nombre de su tío Manuel Sánchez Quevedo “para que no quede en el olvido”. “Era una persona buena, que ayudaba al vecindario, que ayudaba a la gente… Que hubiera personas buenas en el mundo, molestaba al régimen. Y yo creo que se lo llevaron porque tenía un pensamiento; porque sabía leer y escribir; porque echaba una mano a otro… y eso molesta. Molesta que la gente sepa. Y es mejor mantener la ignorancia y el analfabetismo, que eso es más manejable”, sostiene.

Isabel Robles Pérez (La Barca, 1946) y Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955).
José Robles Pozo y Domingo Pérez Mena pertenecían a una pandilla de amigos veinteañeros originarios de La Barca de la Florida, que fueron apresados por la milicia franquista y encarcelados en el Alcázar de Jerez de la Frontera, en 1938. Ambos eran jornaleros del campo de La Barca, que por aquel entonces era una “aldea con chozas”, especifica Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955), sobrina de José. Y Domingo Pérez Mena, tío de Isabel Robles Pérez (La Barca, 1946), era familiar indirecto de José, y amigo del pueblo, por ser casi de la misma quinta. José Robles Pozo y Domingo Pérez Mena pertenecían a una pandilla de amigos veinteañeros originarios de La Barca de la Florida, que fueron apresados por la milicia franquista y encarcelados en el Alcázar de Jerez de la Frontera, en 1938. Ambos eran jornaleros del campo de La Barca, que por aquel entonces era una “aldea con chozas”, especifica Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955), sobrina de José. Y Domingo Pérez Mena, tío de Isabel Robles Pérez (La Barca, 1946), era familiar indirecto de José, y amigo del pueblo, por ser casi de la misma quinta.
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