“Uno de mis sobrinos hizo hace poco un trabajo en el instituto y yo le estaba contando la historia de mi abuelo. Él no entendía mucho, como que eso le quedaba muy lejos. No lo viven como algo real para ellos, ¿no? Sino como una historieta más y ya está. Pero bueno, es importante que recuerden lo que pasó, solo para que no se vuelva a repetir. Hay maneras de solucionar las cosas y la violencia desde luego no es la mejor de ellas”.

María del Mar Abucha De Dios.
Hoy María del Mar Abucha De Dios (Jerez, 1968) habla libremente, por justicia y por amor a su padre, del asesinato de su abuelo paterno, Luis Aliaño Fernández, en el verano de 1936. Contar la historia de su abuelo Luis la hace reencontrarse con su pasado, para vivir el presente y saber qué camino transitará en un futuro. Una historia que durante décadas estuvo silenciada y sepultada en vida por el terror que instauró el franquismo.
“Mi madre desde pequeña nos ha contado a mis hermanos y a mí que al padre de su marido, mi padre Luis Abucha Piñero, lo mataron en la guerra. Esa ha sido siempre la historia que nos han contado. Pero con mucho silencio. Sin detalles, con mucho miedo. Nadie quería hablar”, comparte María del Mar. “Y claro, una tiene la curiosidad de saber qué pasó…”.
Mar ha podido reconstruir la historia de su abuelo gracias a los testimonios de su madre y de una prima suya, hija de un hermano de su abuelo Luis; a documentos firmados por su abuelo y a la libreta de José Sánchez Barrios, conocido popularmente como ‘El abuelo viruta’, donde aparece su nombre. Luis Aliaño Fernández, nacido en el número 5 de la calle Ponce, trabajaba en el Palenque y fue secretario de la CNT. “Él no estaba metido en nada, era muy bueno, me decía mi abuela Matilde, su mujer. Era muy bueno, no hacía nada; y lo mataron”.
Luis, desde el Palenque, le suministraba la fruta a una cuñada suya, en la plaza de abastos. “Era una persona muy noble, muy buena. Y que no se metía en nada”, insiste su nieta. “Los del sindicato ‘le achuchaban’ para que él interviniera en algunos asuntos. Y ese año, le dijeron que avisara a la gente de la plaza para que cerraran los puestos porque las tropas venían por la alcubilla. Y entonces fue a avisarlos a todos”, narra, a lo que continúa: “Y por lo visto ahí, dice que se señaló, eso me contó mi prima”. Fue entonces cuando le dijeron: “Te tienes que ir, porque van a ir a por ti”.

Documentos del sindicato de la industria gastronómica de la »CNT».
“Y eso hizo, él se fue y estuvo varios días, dos o tres días, escondido en una viña. Hasta que le dijeron: Mira, te tienes que ir, porque a nosotros también nos estás buscando un problema. En ese momento salió de la viña, camino de la Sierra. Y lo pillaron. No sé cómo ni dónde lo pillaron, pero lo metieron en el Alcázar. Y su hermana pequeña venía a traerle todos los días la comida, durante una semana más o menos. Y un día que vino a traérsela, le dijeron: sube por esa escalera y coge lo que te encuentres allí. Allí vio un hatillo, que era del hermano. Cogió el hatillo y se lo llevó y ya nunca más se supo de Luis”, relata.
El padre de María del Mar Abucha, Luis Abucha Piñero, no recibió los apellidos de Luis Aliaño Fernández, un gesto que para él dotó de mucho significado la relación con su progenitor. “Mi padre no hablaba de mi abuelo porque él estaba, yo creo, que un poco enfadado con la familia porque su familia paterna podía haberle dado los apellidos, haberlo reconocido. Pero no lo hicieron en ese momento y él pensaba que de alguna manera, lo habían abandonado”, cuenta su hija.
Sin embargo, en su partida de nacimiento sí aparece la firma de su abuelo, el padre de Luis, constantando que estuvo allí presente en la inscripción del registro civil. “Y él de hecho de pequeño, con seis o siete años, todavía visitaba a sus abuelos paternos. Pero yo notaba eso, como que estaba un poco enfadado… Y bueno, yo un día le dije: Bueno papá, pero a lo mejor no te quisieron dar los apellidos como protección también porque al llevar los apellidos de alguien que han asesinado igual es una forma de protegerte. Pero no, él no lo vivió así. Sino como que cuando él los ha necesitado, no han estado. Por eso no quiso investigar, no…”.
—Y en tu caso, ¿por qué decides buscar el cuerpo, la memoria de tu abuelo paterno?—En principio por mi padre, antes de que él falleciera. Pero luego por justicia, ¿no? Porque no me parece justo que una persona tan joven, con 25 años, haya tenido que padecer de esa forma. Que la familia haya sufrido tanto… Y simplemente también por saber dónde está. ¿Qué fue de él? ¿Qué fue de su historia? Y nada más. No hay nada más.—¿Hablabas con tu padre sobre los descubrimientos que ibas haciendo?—Sí, sí.—¿Qué te decía él?—Él se callaba. Se callaba. No decía nada. (Silencio). De hecho, cuando en la Asociación de Memoria Histórica de Jerez nos pidieron tomarnos las muestras de ADN, se lo propuse a él. Y no quiso. Yo sí di la mía. Pero él no quería abrir más puertas.
Alegre, sentida y mirando siempre hacia arriba, como si conversara con su padre, recientemente fallecido; María del Mar termina pidiendo justicia. “Definir todo este proceso con una sola palabra es difícil, pero, podría ser justicia… y es como recomponer la historia, ¿no? También. Recomponer una historia que se ha quedado ahí en el olvido”, concluye emocionada.
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