
Miguel Ángel Arjona Cuenca (Jerez, 1976).
“La Guardia Civil o los milicianos vinieron buscando a mi abuelo, Manuel Cuenca Hernández, y fue mi tío, que por un casual estaría allí o lo que fuera; quien se entregó, queriendo salvaguardar el hecho de que mi abuelo tenía seis niñas pequeñas. Donde tenga que ir, me voy yo, les dijo”. Así fue como su tío abuelo José Antonio Cuenca Hernández dio la vida por su hermano y el futuro de su familia. “Según la versión de mi madre, así se llevaron a su tío”, detalla Miguel Ángel Arjona Cuenca (Jerez, 1976), quien busca justicia, democracia y dignidad para sus familiares fusilados al inicio del Golpe de Estado del 36.
Miguel Ángel no solo perdió a su tío abuelo materno tras el alzamiento del bando sublevado, sino que también fusilaron a su tío paterno José Arjona Ocaña. “Mi padre me contaba cosas de mi tío; pero poco, porque se emocionaba mucho y le era muy difícil seguir la conversación. Entonces mi madre me dijo que ella tenía un tío suyo, que es tío abuelo mío, al que también mataron en la guerra”.
Su madre Carmen Cuenca García, nacida en 1930, vivió aquello con tan solo 6 años de edad, por lo que no guarda mayores recuerdos. “Yo supongo que esto que ella me ha contado a mí es porque: ya siendo mayor, le contarían a ella. Es decir, que no creo que ella lo recuerde con 6 años que tenía”, asegura. Vecinos de El Chicle, un barrio humilde, “la vida les resultaba dura, porque luego tras la guerra llegó el hambre y la escasez”. “Mi abuela por lo visto era una buscavidas, y mi abuelo, zapatero; y con seis hijas, pues sobrevivieron como pudieron”.
—¿Tu abuelo nunca te contó nada?
—Mi abuelo Manuel era un hombre parco en palabras. Yo recuerdo que todos los miércoles íbamos a su casa. Yo con mi madre y mis primos. Y allí estaba mi abuelo, ya jubilado y mayor, pero no; era parco en palabras. Él casi no participaba en la conversación y nunca contó nada. Nunca le oí hablar de estos episodios.
El hambre y la pobreza ocuparon las 24 horas del día de la familia Cuenca Hernández. “Encontrar para comer en el día a día era suficiente motivo de preocupación, y ese tema —el fusilamiento de José Antonio— supongo que quedaría relegado un poco al olvido, además de lo doloroso que sería, imagino, para mi abuelo, para el padre de mi madre…”, expresa Miguel Ángel, quien en la actualidad cuida de su madre, a sus 93 años de edad.
—¿Tú madre sabe que buscas el cuerpo de su tío?
—Sí, ahora le he dicho que venía a entrevistarme con vosotros. Y ella sabe, lo que pasa es que yo he estado mucho tiempo fuera y era más difícil, sobre todo también porque ahora ella me requiere mucho tiempo y una gran parte de la atención, junto con el trabajo. Entonces le he dedicado a esto bastante menos tiempo de lo que quería, pero ahora que estoy aquí en Jerez sí que me puse en contacto con la asociación, y bueno, en lo que puedo trato de colaborar la Asociación de Memoria Histórica de Jerez.
—¿Qué le parece a ella?
—A ella le parece bien, por supuesto que le parece bien. No tiene mucha esperanza, pero ojalá se pudiera encontrar algún día algún resto, identificarlo y saber qué fue de él. Por simple justicia.
Miguel Ángel, poco antes de saludar a su prima, Ana Morales, para juntos contar la historia de su familiar asesinado: José Arjona Ocaña en 1936, con tan solo 28 años de edad; termina pidiendo una España “verdaderamente democrática”.
“Yo aspiro a vivir en un país con una democracia sólida y creo que este episodio no puede quedar en lo que se ha hecho hasta ahora. Con la transición tan perfecta que nos venden, pero que a mí me parece que no. Porque estos episodios, la cantidad de personas tiradas en las cunetas como si no fueran personas… De las que parece que queremos pasar página… Creo que todo esto nos impide ser una democracia plena y en la medida de lo posible, creo que hay que restituir y hacer justicia con ellos”, finaliza.
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