Investigación, Testimonios

RAMONA PÉREZ ROMÁN

9 Feb , 2026  

BELU PÉREZ BEAS, busca el cuerpo de su tía RAMONA PÉREZ ROMÁN.

Belu Pérez Beas (Jerez, 1953).

A Ramona Pérez Román (Jerez, 1917) la violaron y la fusilaron los falangistas el 22 de julio de 1936, cuando tan solo tenía 19 años de edad, en la alcubilla de Jerez de la Frontera. Aquel día, dos falangistas se presentaron en la calle Mariñíguez buscando a Juan Carlos Pérez Román, hermano de Ramona, que pertenecía a un partido de izquierdas; pero Juan Carlos no se encontraba en su domicilio.

Belu señalando el nombre de su tía en el Memorial del parque del Retiro en Jerez.

Viviendo frente por frente, los civiles fueron a casa de Ascensión Pérez Arana, esposa y prima de José Pérez Román, primogénito de la familia. Con ella, se encontraba Ramona, quien abrió la puerta y los atendió. Los falangistas le preguntaron por su hermano. Pero ella no sabía. Inquieta, por la presencia de la autoridad sublevada, un tic nervioso empezó a apoderarse de sus ojos.

—A hecho señas.
—No, es un tic que tengo.
—Ella sabe algo, vamos a llevárnosla.

Los falangistas la apresaron, se la llevaron a la alcubilla y allí la violaron y la fusilaron, donde falleció desangrada. “Sabemos que murió pidiendo agua”, apunta Belu Pérez Beas (Jerez, 1953), hija de Juan Carlos Pérez Román, y quien junto con su prima Mariana, relatan la “monstruosidad” que vivió su tía y toda su familia. “Le dijo uno de los que estaban allí: No le dé agua, que la agonía se le va a hacer más larga”, agrega.

Mientras Belu narra el asesinato de su tía, Mariana (Jerez, 1944), en voz baja, comparte que saben con exactitud el último día de vida de Ramona porque ese mismo 22 de julio, Ascensión dio a luz a su hijo Antonio (hermano de Mariana). Su prima, con el terror en el cuerpo, apenas quiere intervenir. Es Belu quien se abre como un libro para que la historia de su tía Ramona no caiga en el olvido. Después de su fusilamiento, su padre Juan Carlos Román Pérez y su abuelo Antonio Pérez Ábalos, fueron encarcelados.

El nombre de Ramona en el Memorial del parque del Retiro en Jerez.

Juan Carlos, que trabajó como administrativo en la imprenta Antonio Salido ‘Cartometraje Tempul’, lo apresaron con la intención de darle el mismo final que a su hermana Ramona. No obstante, se lo llevaron a diferentes cárceles del país: Mallorca, Valencia… “Hasta que ya le dieron el indulto”, cuenta su hija. “Él estaba todos los días esperando a que le llegara su hora. Hasta que un día lo llaman, él se despide de su compañero de celda. Se abrazan. Le da sus libros, sus libretas…”, relata, a lo que continúa: “Pero se libra porque mi padre sabía muy bien escribir”.

“Mi padre estaba muy preparado. A él de niño le gustaba mucho leer. Era un lector empedernido. Entonces, los militares lo cogieron como mano de obra, para trabajar en la oficina”, recuerda su hija Belu. La familia Pérez Román fue una familia con estudios: aprendieron a leer y escribir, música, pintura… “estaban muy bien preparados”. El segundo de los hermanos, Manuel Pérez Román, más conocido como ‘Malosqui’, jugaba al boxeo y fue ciclista; y el pequeño de la familia, Francisco, era tenor y cantaba en el Teatro Villamarta. No obstante, Ramona no tuvo el mismo porvenir, ya que su madre Mª Ángeles Román Martín fallece a mediados de los años 20 de un cáncer de estómago, lo que hizo que Ramona —siendo menor de edad— se hiciera cargo de la casa, con la ayuda de su prima y cuñada, Ascensión Pérez Arana, madre de Mariana.

Tras el Golpe de Estado, los fusilamientos, el terror que sembró el franquismo y la represión en las cárceles, Juan Carlos Pérez Román vivió en una depresión profunda. “Él me contaba que lo subían a las azoteas y los mojaban con agua y se morían de frío si se paraban. Que quemaban las hojas de los libros para calentarse… Yo de todo esto me enteré ya de mayor”, manifiesta Belu. “Tengo mucha pena de mi padre. Lo cuidé hasta el final. Que él, que ha sido tan bueno, tan honrado, haya sufrido tanto en una dictadura tan mala, represiva…”, enlaza. Además, su padre acabó viviendo manías persecutorias. “Mi padre se escondía, vivió obsesionado con que venían a por él”.

Belu recuerda que él jamás le habló de su tía Ramona, sino que fue su madre, Isabel Beas De Cala, quien le contó todos los detalles. “Mi madre sí la mentaba. Me decía que yo me parecía a ella, a mi tía Ramona, que era muy buena. Mi madre me contaba que ella le dio un jersey a una amiga porque ella tenía dos y la otra ninguno. Que se quitaba las medias y se las daba a alguien… Era buenísima, cariñosa, buena persona…”.

Antes del verano de 1936, Ramona tenía un novio, “que estaba muy metido en política, digamos”; que con el alzamiento militar, se exilió en Francia. Al parecer no tuvo contacto alguno con Ramona con la intención de que ella no sufriera represión alguna, entonces no se enteró de que la habían matado hasta que volvió a España, una vez que empezó a fraguarse la Transición. “Ese hombre vino a casa, buscando a mi tía Ramona. Y cuando se enteró de lo que le habían hecho; ese hombre daba gritos… Lloraba y gritaba”.

Para Belu y Mariana, la importancia de contar la historia de su tía es “que esto se sepa para que no se vuelva a repetir”. “Que se sepa la verdad”, insiste la pequeña de las primas. “En aquella época no había nada bien. Ni había justicia ni había trabajo… Toda una represión horrorosa hacia las mujeres. ¿Quién dice que aquello estuvo bien? No me lo explico. Gente que dice que antes vivíamos más tranquilos. ¿Por qué? ¿Por qué no robaban? ¿Qué te iban a robar si tú no tenías nada? Eso lo he vivido yo en mis carnes. Llegar del colegio y cantar las canciones que nos enseñaban en la escuela. Cantar el cara al sol, con toda mi inocencia, y que me diga mi padre: Eso no, Belu. Eso no. Eso no lo cantes… Porque claro, eso lo cantaban cuando fusilaban a sus amigos”, termina.

Un retrato de Ramona Pérez Román de pequeña.

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