Investigación, Testimonios

MANUEL SÁNCHEZ QUEVEDO

26 Feb , 2026  

TOÑI ROBLES SÁNCHEZ busca el cuerpo de su tío MANUEL SÁNCHEZ QUEVEDO.

Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955).

“Mi madre decía que se llevaron a su hermano mayor porque él ayudaba a arreglar papeles a algún vecino…”, comparte Toñi Robles Sánchez (La Barca, 1955), quien hoy pone sobre la mesa el nombre de su tío Manuel Sánchez Quevedo “para que no quede en el olvido”. “Era una persona buena, que ayudaba al vecindario, que ayudaba a la gente… Que hubiera personas buenas en el mundo, molestaba al régimen. Y yo creo que se lo llevaron porque tenía un pensamiento; porque sabía leer y escribir; porque echaba una mano a otro… y eso molesta. Molesta que la gente sepa. Y es mejor mantener la ignorancia y el analfabetismo, que eso es más manejable”, sostiene.

Toñi se encuentra en la búsqueda de documentos y papeles que le ayuden a reconstruir la historia de vida de su tío materno: “He podido encontrar los papeles de su Primera Comunión, en la Iglesia de San José de Medina Sidonia, en el año 1919”, expresa entusiasmada. Como su madre, los cuatro hijos del matrimonio compuesto por Francisco Sánchez González y Antonia Quevedo Guerrero, nacieron en Medina Sidonia: Manuel, Rosario, Agustín y José. La familia vivía de una fonda, en el pueblo de Medina. Y gracias a este negocio, su abuela Antonia pudo salir adelante después de enviudar años antes del Golpe de Estado.

“Mi abuela, que se quedó viuda… Su hijo el mayor, que le podía haber echado una mano para salir adelante… Y lo matan. Pues fíjate el sufrimiento de mi abuela Antonia”. De “mocito”, Manuel y el resto de sus hermanos, se trasladaron a Jerez, en concreto a la entonces aldea de La Barca de la Florida. Fue allí donde fueron a buscarle días después del alzamiento militar del 18 de julio de 1936. “Se lo llevaron al Alcázar de Jerez, que, igual que ocurre con todos, mi tío Agustín iba a llevarle comida, hasta que un día fue y le dijeron que ya no fuera más, que se lo habían llevado. Le dijeron: No preguntes más, que ya no está”, relata.

Desde entonces, la familia se cubrió con el velo del mutismo y el miedo. A Toñi le cuesta recordar pinceladas de su infancia donde mentaran a su tío Manuel. “Era tabú, de eso no se hablaba…”, lamenta. Como algo sistémico, el terror del franquismo se apoderó de sus casas y de su relato. Como en muchos hogares, a Manuel lo devoró también el miedo. “Silencio y a callar. Y si se hablaba: en familia y bajito, que no se sepa”.

En su caso, Toñi tomó conciencia sobre lo que ocurrió tras el Golpe de Estado en el municipio jerezano, hará unos 20 años, gracias a una charla que hubo en La Barca sobre memoria histórica. Como ya contó en la narración sobre la desaparición de su tío José Robles Pozo (hermano de su padre Juan), ella asistió por curiosidad, ya que en su imaginario creía que en la Guerra Civil “estaban ahí pegándose tiros unos a otros”. Y fue gracias a ese encuentro, que tomó conciencia de que “eso no tenía nada que ver con dar tiros, sino que se lo habían llevado por unas ideologías”. Desde entonces, empezó a preguntar. A escarbar sobre los dos desaparecidos de su familia: José Robles Pozo; y Manuel Sánchez Quevedo, por la memoria de su madre Rosario Sánchez.

Para Toñi, hablar de Manuel y la familia que dejó es “darle memoria, que se hable, que se comente la injusticia tan grande que fue, que sus muertes no fueran en baldes, que sus muertes sirvan para que esta historia no se repita. El sufrimiento que se llevó mi abuela, mi madre y mis tíos, eso no lo quita ya nadie porque se fueron a la tumba con él”, sentencia. A la vez que pide a la juventud que lea y conozca lo que supuso el Franquismo en España y a nivel local. “Nosotros tenemos la obligación de transmitirle a los jóvenes que eso fue un error y que no se puede repetir. Esa represión tan grande a personas que no hacían nada malo, eso tienen que conocerlo. Tienen que tomar conciencia de lo qué pasó realmente”.

Toñi sostiene unos documentos de su tío Manuel Sánchez Quevedo.

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