
Rosario Parra Salado (Jerez, 1951), Carmen Parra Salado (Jerez, 1947) y Elena Jiménez Parra (Jerez, 1982).
“Mamá, antes de todo, estoy bien. Tú no te apures, que en cuanto esto se arregle salimos de aquí, somos presos preventivos y no tenemos condena”, reza una de las cartas que Manuel Parra Rodríguez (Jerez, 1907) escribió en el penal de El Puerto. “Y no sabemos dónde está. Me encantaría saberlo. Y poder llevar sus restos a mi abuela… Pero… Eso va a ser imposible”, llora su sobrina Rosario Parra Salado (Jerez, 1951), quien se encuentra arropada por su hermana mayor, Carmen Parra Salado (Jerez, 1947), y su hija, Elena Jiménez Parra (Jerez, 1982).
Durante décadas, la familia ha atesorado todo lo que escribió Manuel ‘Manolo’ de su puño y letra. Cartas, poemas, redacciones… un registro escrito a mano que, de cierta manera, perpetúa la esencia de Manolo: su forma de mirar, de convivir y de luchar por lo que creía justo. Las cartas que hoy las mujeres de su familia conservan como oro en paño, fueron redactadas por Manuel Parra Rodríguez en las tres semanas que estuvo preso tras el Golpe de Estado de 1936. En ellas, pedía enseres para sus compañeros de celda, abrigo o juanolas, pero también intentaba tranquilizar a su madre, Carmen Rodríguez Verdejo: “Mamá no me traigas nada de comer, que lo podemos comprar aquí, tenemos unas 30 ptas y a tí te hará falta, no lo digo por cumplir, que es verdad”.

Trozos de papel escritos a lápiz por Manuel.
En la caja de lata donde van abriendo pequeños trozos de papel escritos a lápiz, también abren unas cuantas hojas sueltas, amarillentas y desgastadas que, bajo el título de ‘A hierro muere’, se puede leer en una perfecta caligrafía:

Trozos de papel escritos a lápiz por Manuel.
Segunda parte.
Con palabras de amor y promezas
que les tengo impresas
mi amor consiguió
y mi madre que me aconsejaba
de pena lloraba
y al fin se murió.
No te importe que el fiero dolor
con tanto rigor
mi pecho taladre;
arrastrado y enfermo he de verte
pagando la muerte
de mi pobre madre.
La venganza siempre es grata
contra el que maltrata e hiere
porque aquel que a hierro mata
seguro es que a hierro muere.
“Siempre terminaba sus poemas así, haciendo alusión a esa expresión, al título que da nombre al poemario (que recoge 8 poemas)”, expresa su sobrina nieta Elena. “Era una persona bastante artística”, sonríe la músico jerezana de instrumentos de viento e integrante del grupo El domador de medusas. Ella, que conocía mínimamente el trágico fin de su tío abuelo Manolo, empezó a tirar del hilo cuando encontró su nombre en el libro ‘Memoria histórica y represión franquista en la provincia de Cádiz’, de José García Cabrera y Cristóbal Orellana.

Elena Jiménez Parra (Jerez, 1982).
“Gracias a ese libro supimos que Manolo fue asesinado el 18 de agosto de 1936”, revela Elena. “Fue ahí cuando me dije, aquí hay una historia que yo quiero conocer. Que habla de mi familia y habla también de mi historia, ¿no? Y a partir de ahí, pues hablé con mi madre, con mi tía, que tiene un montón de fotos…”, comparte a medida que va abriendo los álbumes familiares. “Este es Manolo”, indica Carmen mientras señala un retrato de su tío en blanco y negro. Pero… ¿Qué sabemos de él?
Manuel Parra Rodríguez nació en el barrio de Santiago, en concreto en la calle Juan de Torres; el 28 de junio del año 1907. Como sus poemas indican, trabajaba el hierro en la fragua, pertenecía al gremio de la metalurgia. Su padre, Manuel Parra Arroyo, le enseñó el oficio familiar, junto a su hermano Juan Parra Rodríguez (Jerez, 1911), —padre de Carmen y Rosario—. ya que su padre tenía su propia empresa en la ciudad, desde donde trabajaron en la construcción del puente de La Barca y en las obras del Recreo de las Cadenas. Si bien los hermanos trabajan codo con codo, cada uno guardaba su personalidad y tenían muchos conflictos en casa. Mientras Juan era más prudente, Manuel, que era sindicalista de la CNT, era mucho más activo y combativo.
“Él ya estaba señalado”, apuntan sus familiares. En los años 30, Manuel residía en la calle Clavel y frecuentaba el tabanco La Jarra, ubicado en la plaza Aladro, donde se reunía a menudo con grandes amigos. De hecho, en sus misivas desde la prisión de El Puerto, se acordó mucho de todos ellos: “¡Jerez! Plaza de Aladro, una tasca, La Jarra: donde un grupo de amigos pasábamos el rato en alegre charla”, “Hoy recuerdo a los de la Jarra, a ustedes, y demás amigos”. Y precisamente fue por esa zona donde desapareció: en la plaza Aladro. “Allí le dieron el alto los milicianos, cuando iba camino de esconderse a casa de alguien de la fábrica de refrescos”, recuerda la hermana mayor, Carmen.
“Se dice que lo apresaron porque él arreglaba armas, pistolas… Y cuando lo cogieron, las llevaba. Entonces, querían saber de quiénes eran esas armas y por eso lo apresaron. Para sacarle la información. Claro, eso es lo que decía la gente”, incide Elena. “Que no sabemos seguro si eso fue así o no. Porque él no fue juzgado”, añade su tía. “No sabemos si fue una excusa. Pero lo que sí se sabe es que él era un sindicalista muy activo de la CNT”, termina la músico.
De allí se lo llevaron al penal de El Puerto, donde estuvo preso tres semanas. En ese tiempo, su hermano Juan iba a verlo todos los jueves, hasta que… “Y lo que le pasó a papá, ¿no?”, pregunta Rosario. “Cuando fue a verlo… Cuando mi padre llegó… Pues le dijeron que…”, dice Carmen. “Que ya no estaba”, remata su hermana pequeña. “Que lo habían puesto en libertad, que ya no estaba allí”, prosigue Carmen.
Juntas, entre remiendos y recuerdos, intentan tejer la trágica historia de su tío abuelo Manolo. “Y mi padre le dijo: ¿Qué quiere decir? ¿Dónde está? Para ponerle una casa”, dice Carmen, al tiempo en que prosigue su hermana: “Había un alcalde en Jerez, Tomás García Figueras, que le decían ‘El Cucharita’, que sacó a nuestro padre a empujones. Le dijo: “Vete de aquí, vete, que si no, no sales de aquí”.“Y después, tuvo que venir a Jerez, para contarle a su madre que Manuel, ya no estaba”, concluye Rosario, acompañado de un largo silencio.
“Bueno, y eso es un poco lo que ha pasado, que ha habido mucho silencio todo este tiempo…”, agrega Elena. “Nuestro padre no hablaba. No quería… No. De Manuel se hablaba poco. Le preguntábamos: ¿Cuándo murió tu hermano? Se mató en la guerra, nos decía. Nuestro padre tuvo mucho miedo”, coinciden las hermanas. De él no se hablaba en casa, pero en las fotografías familiares sí estaba. “Verlo, es como hacerlo más real”, comprende Elena. La historia la conocieron por boca de su madre Carmen. No obstante, “mi abuelo Juan fue guardando los papelitos de su hermano en una lata, para que no se viera…”, comparte, pero también para que no cayera en el olvido.
A raíz de los recientes descubrimientos y de la reuniones familiares que surgen para ahora no parar de hablar de Manuel, Juan y toda la historia que hay detrás, Elena y su compañero de El Domador de Medusas, hicieron una composición musical que se llama ‘El herrero’ y que interpretan cada 18 de agosto. “A partir de ahí se ha hecho un espectáculo sobre memoria histórica, con historias de otras personas de aquí, de la provincia… Como que ha ido creciendo; y ahí seguimos investigando…”, sostiene Elena, a quien le costó visualizar que su santo, Santa Elena, se celebra el mismo día en que mataron a su tío abuelo.
La familia desconoce donde se hallan los restos de Manuel. Creen que pueden estar cerca del penal, o por la Laguna de Torrox. “Puede estar en cualquier sitio”, confirman las tres. Y no van a dejar de buscarlo: “Por la memoria de mi padre y la de mi abuela”, reclama Carmen. “Por hacerle un nombre a él”, dice Rosario. “Por justicia, ¿no? Porque él, ¿qué estaba haciendo? Estaba luchando por unos derechos laborales, unas buenas condiciones laborales. Y las cosas que él ha escrito, se ve que es una persona de buenos sentimientos hacia su entorno. Que le hayan matado por esas ideas, yo creo que es de justicia decir: él existió, sus ideas existieron y están vigentes”, concluye Elena.
“Esta historia forma parte de mí y de nosotros”, remata su sobrina nieta.

Retrato de Manuel Parra Rodríguez.
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