Investigación, Testimonios

MANUEL MORENO DURÁN Y MANUEL MORENO BARRANCO

25 Feb , 2026  

JOSÉ JOAQUÍN CARRERA MORENO busca el cuerpo de su abuelo MANUEL MORENO DURÁN y nos cuenta la historia de su tío MANUEL MORENO BARRANCO que fue asesinado durante el régimen.

Joaquín Carrera Moreno (Jerez, 1959).

Para contar la biografía del escritor Manuel Moreno Barranco (Jerez, 1932), primero hay que conocer la historia de su padre, Manuel Moreno Durán, desaparecido el 26 de agosto de 1936 durante el Golpe de Estado, a los 26 años de edad.

“Entiendo que era un joven bastante idealista”, dice su nieto José Joaquín Carrera Moreno (Jerez, 1959), mientras continúa contextualizando la época de principios del siglo XX en la ciudad jerezana: “En los años de la República existió un movimiento fuerte de naturismo, de naturosofía, de vegetarianismo… Surgen círculos, se celebra un congreso naturista y él participa, y va comprando publicaciones de Ateneos Libertarios que van tratando estos temas del naturismo, que tienen que ver con la salud en un sentido holístico”.

M. M. Durán, que trabajaba de sombrerero en la fábrica de Antonio González (de la calle Larga), llegó a formalizar un grupo en el municipio en marzo del 36, “y tres meses después son perseguidos todos los miembros adscritos como parte de la represión”

No solo fueron a por sindicalistas, masones o libertarios, sino que también quisieron callar todo lo que “oliera a anarquismo, pero no era un activista claramente político, ni mucho menos partidario de la violencia”. Simplemente tenía inquietudes sobre nutrición, higiene, la escuela libre… Su pensamiento era diferente “a la educación católica que había en España”. Por ello, apareció en las listas y fueron a por él.

Un grupo de falangistas fueron a buscarlo en un camión, pero logró huir por una puerta trasera de la casa donde estaba escondido; y en la noche, volvió para despedirse de su compañera Mª Luisa Barranco Hurtado (Jerez, 1877). Se marchó por la serranía de Ronda, “con la intención de llegar a la zona roja, que por aquel entonces era la Sierra de Málaga”. No obstante, la mayoría cayeron por el camino.

Fue a las dos semanas de su huida, cuando a Mª Luisa le llegó el aviso por parte de un comerciante de huevos de la Sierra, de que su marido había caído en una emboscada. “Pero no sabemos ni el dónde ni el cómo. Sin poderte despedir y sin saber si realmente ha muerto… Mi abuela mantenía la esperanza de que a lo mejor logró seguir, ¿no?”, incide Joaquín.

Su abuela materna, Mª Luisa, se vió obligada a montar una lechería en la calle Levante para sacar adelante a sus dos hijos: Petra Moreno Barranco (Jerez, 1930), conocida por todos como ‘Nena’, con tan solo 6 años de edad, y al pequeño Manuel, con 4. “Casi todo lo que hemos sabido de mi abuelo ha sido muy tardíamente por mi madre, más que por mi abuela”, expresa el nieto de Manuel Moreno Durán.

“Era muy difícil sacarle información a mi abuela. Yo creo que dolía tanto la herida que no se quería hablar de ello. Entonces, todo quedó inundado de una espesa sombra de silencio. Pero mi abuelo no era un fantasma ausente, era un fantasma omnipresente. Ya que las figuras de mi abuelo y de mi tío son veneradas en el domicilio familiar con un retrato allí puesto en la habitación de mi abuela, tanto de uno como de otro”, sostiene Joaquín Carrera, quien empezó a investigar sobre su abuelo, y también sobre su tío Manuel, quien fue torturado y asesinado por el régimen franquista en 1963.

Joaquín indagó sobre la biografía y obra literaria de su tío Manuel Moreno Barranco, llegando incluso a publicar obras suyas de manera póstuma, pero su hijo mayor, Óscar Carrera Sánchez (Jerez, 1992) fue más allá y desarrolló una exhaustiva investigación. Una labor que documentó, redactó y alojó en una web donde aparecen todos los matices, aristas y recovecos sobre la vida de su tío abuelo, Moreno Barranco. ¿Quién fue? ¿Qué hizo? ¿Qué escribió? ¿Por qué fueron a por él?

Obra literaria de Manuel Moreno Barranco.

Manuel Moreno Barranco nació el 24 de abril de 1932, en la calle Guarnidos número 5, en el barrio de San Miguel. Huérfano de padre a los 4 años, la familia al completo se mudó al barrio de El Pelirón. Y en su casa, nunca faltaron los libros. “De niño, ya tiene una biblioteca porque la tiene de su abuelo”, apunta Joaquín.

En la posguerra, Manuel estudió Comercio, se sacó unas oposiciones y entró a trabajar con 16 años como oficinista en el Banco de Jerez, que entonces estaba en la calle Caballero. Allí trabajó desde el año 1948 hasta el 56, cuando decidió partir hacia Madrid, a los 24 años de edad.

No obstante, en 1950, mientras todavía trabajaba en el Banco de Jerez, estuvo un año y medio de baja por tuberculosis. “Le costó bastante curarse, pasó el año entero tomando el aire fresco entre Grazalema y Benaocaz”, señala el hijo de su hermana Petra. Y ese tiempo de reposo lo pasó leyendo novelas de El Coyote, Emilio Salgari, Cervantes, Goethe, Edgar Allan Poe y Benito Pérez Galdós, entre otros. En esa larga temporada de recuperación, Manuel también escribió varios cuentos y una novela corta, la cual envió a la Editorial Aguilar en 1955, bajo el título ‘Revelaciones de un náufrago’. Un volumen compartido junto a otros dos jóvenes escritores que publicaron en el año 1957.

Su inicio en la literatura, le llevó a querer dejar los números para dedicarse plenamente a la escritura. “Él quiere estar en Madrid porque allí pasan más cosas que aquí, porque aquí no pasa nada. Tenía un afán por salir del pueblo tremendo, gracias también a las cartas interesantes que le enviaban algunos amigos suyos que se habían ido a Madrid”, explica Joaquín. Una vez en la capital, le costó encontrar un trabajo…,
hasta que logró entrar en el Banco Popular. Allí estuvo currando hasta el año 59, cuando decidió viajar a París. “Porque Madrid también se le queda corto”.
“Decide aprovechar unas vacaciones y probar suerte en París, porque allí el aire es más libre y fecundo, piensa. Pero allí también lo pasa mal, sin un duro y pasando hambre”, comenta su sobrino. Sin embargo, por una serie de circunstancias y conocidos, también consiguió trabajar en el Banco Francés de la Agricultura, durante tres años.

De banco a banco. Pero su anhelo era dedicarse por completo a la literatura, y en esos años de vueltas y venidas, Manuel estuvo preparando lo que será su primera novela en solitario: ‘Arcadia feliz’. Una novela que conseguirá publicar su sobrino, José Joaquín Carrera Moreno, en 2003, con la colaboración del Ayuntamiento de Jerez y dentro de la colección ‘Utopía y revolución’. Pero eso ocurrirá 40 años después de que el régimen franquista lo mate.

Tras su estancia en París, Moreno Barranco viajó a Barcelona para intentar estrechar lazos con la Editorial Barral, de Carlos Barral. “Hasta que finalmente no le sale”. Por lo que decidió poner rumbo a casa: Jerez, su Arcadia feliz, “para estar con la familia en la Navidad del 62”. Según su sobrino Joaquín, es ahí cuando empezó a colaborar con algunos amigos jerezanos que tenía antes. Y es ahí cuando ocurrió todo lo que va a devenir: “que a finales de enero hicieran un registro en su casa, se llevaran papeles y que el 13 de febrero vinieran a detenerle”, anticipa.

Como narra Óscar Carrera en la web homónima de su tío abuelo: “A finales de enero, las autoridades registran la casa de Manuel con la excusa de que se ha detectado en Jerez una radio clandestina”. Realmente buscaban una máquina de escribir que le regaló su madre, Mª Luisa, con la que escribía panfletos y poemas; pero no la encontraron. “Manuel aparenta calma, pero en el fondo está preocupado. Hacia mediados de febrero, todo empieza a calmarse. No hay noticias de la policía desde aquel registro infructuoso. Manuel se confía y comete el error más grave de todos. El 13 de febrero se presenta en casa del amigo a pedirle la máquina (no los documentos), un policía lo ve por la calle con el objeto y lo arrestan ese mismo día”, redacta.

Después de pasar unos días en comisaria, los falangistas se lo llevaron a la prisión de la Asunción. La familia pudo visitarlo en contadas ocasiones. Pero en la noche del 21 de febrero, los interrogatorios pasaron a mayores. Bocabajo y atado por los tobillos, lo torturaron hasta matarlo; e hicieron que pareciera un suicidio: lo arrojaron por la barandilla del patio de la cárcel. “Hubo una estrategia repetitiva de la dictadura del franquismo por el cual al menos 5 ó 6 personas caían; porque la gente se cae por los balcones en un sentido irónico”, lanza Joaquín.

Moreno Barranco no murió en el acto: lo llevaron al hospital, moribundo, hasta que terminó falleciendo. “Había un guardia acompañándolo que impedía que su madre pudiera acercarse a él”, agrega; siendo Manuel Moreno Barranco “el primero de la larga lista de represaliados de aquel 1963: Julián Grimau, Ramón Vila Capdevila, Francisco Granados Gata, Joaquín Delgado Martínez…”. No obstante, un equipo anónimo de la resistencia clandestina exhumó su cuerpo, ya en descomposición, y le hizo una autopsia secreta: el informe forense reveló signos de tortura. La prueba viajó por toda la prensa internacional y activista, forzando que el régimen franquista esclareciera los hechos. Incluso Pablo Neruda se hizo eco de la noticia. Intelectuales y artistas como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Marguerite Duras, apoyaron la investigación de la muerte del jerezano, desde Francia. Según escribe Óscar Carrera, el director del periódico anarquista hispano-estadounidense ‘España Libre’ le envió la autopsia clandestina de Barranco a un senador estadounidense que le preguntó a Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo de Franco. A lo que Fraga se inventó antecedentes psicológicos. “Barranco terminará siendo el más polimorfo de los represaliados de su época”, anota Carrera.

—Y cuando muere Franco, tú, en vez de estar contento, estás triste. Como lo estuvo mi abuela. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué estaba muy triste? Porque se había muerto en la cama. Claro. Dios no existe. No hay
misericordia divina. Se murió en la cama… Sí, estaba contenta del futuro de libertad, pero… Ese canalla se ha muerto en la cama. El canalla que se llevó a su marido y a su hijo.

Para José Joaquín Carrera, sobrino de Moreno Barranco, este relato de recuperación de la memoria del tío al que le arrebataron son tres palabras: “Dignidad es resistencia. Y también lo contrario si tú quieres: resistencia es dignidad. Esto es una historia de dignidad. Es una historia de resistencia”.

Retrato de Manuel Moreno Barranco.

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