
Nuria Ramírez García ,Mercedes Lozano Jiménez y Jesús Ramírez Huerta.
Entre 2005 y 2010, Pilar Jiménez y su tío Francisco Ramírez pasaron casi todos los domingos frente al ordenador, tecleando en algún buscador de internet el nombre de Juan Ramírez Perales. 70 años después de su desaparición, sus descendientes le seguían buscando. Una labor que ha ido pasando de generación en generación. El terror del régimen franquista enmudeció a muchas familias, convirtiendo en tabú la realidad: fusilamientos, represalias, torturas, cuerpos en cunetas… De eso no se hablaba en casa.
“Bueno, yo me enteré por las placas conmemorativas que se iban a poner en las fachadas. Hace unos tres años, veo la noticia (porque yo creo que estos temas a mí me han interesado por el inconsciente familiar), y leo el nombre de Juan Ramírez Perales. Le pregunto a mi padre, comiendo un día en su casa: Coincide con tu nombre, no lo conocerás, ¿no? Y me dice: Sí, es mi abuelo. Y nunca me había dicho nada. Mi padre, con 77 años ya”, comparte Nuria Ramírez García (Jerez, 1975), devastada.
No obstante, hoy en casa de Nuria se va a hablar de Juan, su bisabuelo paterno. Junto a Nuria, se encuentra su prima Mercedes Lozano Jiménez (Jerez, 1995), y de manera virtual —a través de una videollamada— está Jesús Ramírez Huerta (Jerez, 1980), como el vínculo que mantuvieron Pilar (madre de Mercedes) y Francisco Ramírez (abuelo de Jesús). Siendo familia, los tres se han conocido recientemente, intentando completar el puzle de su herencia familiar.
Los tres se unen para reconectar con sus raíces; por dignidad social; para poner sobre la mesa el trauma transgeneracional de la familia. Para que se conozca la historia de Juan, la de su viuda, María, y el devenir de toda su familia:
Juan Ramírez Perales nació el 25 de junio de 1887, en Trebujena. Como muchos otros trebujeneros, se trasladó a Jerez de la Frontera por motivos laborales, en 1925. Allí se afincó en la calle Justicia, en el barrio de San Mateo. Trabajó durante años en la Renfe, llegando a ser el presidente de la CNT ferroviaria.
Juan formó una familia junto a su mujer, María Arillo Perales, originaria de Bornos. Juntos tuvieron cinco hijos: José, María, Ana, Juan y Francisco. Y casi a sus 50 años de edad, los falangistas fueron a por él. Lo apresaron en la calle Batalla de Jimena, número 21, en el barrio de El Pelirón; “lo amenazaron diciéndole que habían detenido a su hijo José, que también era ferroviario. Y para evitar mayores consecuencias, pues… acudió”, cuenta Jesús, nieto de Francisco, hijo pequeño de Juan.
Pero fue una argucia para detener al padre, él era el objetivo, sostienen sus familiares. Subido al camión, su compañera María salió corriendo detrás de él. Hasta que el camión se perdió en el horizonte. Y nunca más lo volvieron a ver.
Juan Ramírez Perales desapareció. Sin rastro. Sin rumores. “Y evidentemente no sabemos dónde está a día de hoy”, remata Jesús.
“Es muy raro que no haya testimonios. Yo creo que no estuvo mucho tiempo encarcelado”, incide Mercedes, nieta de Ana, la tercera hija de Juan. A su bisabuelo lo secuestraron pocos días antes del acta de defunción que han conseguido obtener: 28 de agosto de 1936.
Fueron a por Juan por ser el presidente de la CNT en la Renfe. Pero además, según señala Nuria, los trabajadores ferroviarios fueron duramente perseguidos durante el Golpe de Estado del 36, citando el documental ‘Los Hijos del Hierro’, donde se narra la depuración, persecución y sufrimiento del personal ferroviario a manos del régimen franquista para controlar un sector estratégico en todo el territorio nacional.
Tras su desaparición, su viuda no consintió firmar el parte de defunción para recibir ayuda del Estado. “Se comenta familiarmente que fueron a la puerta de su casa para que firmase la defunción, pero nuestra bisabuela se negó porque a él lo habían matado, no había fallecido. Y no pudo cobrar pensión”, apunta Nuria, nieta de José, el mayor de los cinco hijos. ¿Qué ocurrió con la familia?
“Nuestra bisabuela María es la coprotagonista de esta historia. A ella le sucedió de todo. Tuvo que sacar a una familia adelante y para ello, trabajó limpiando los uniformes de los militares en el cuartel de la Asunción. Ella fue doblemente víctima”, dice Jesús. “Y sin poder hablarnos, sin poder compartir”, agregan sus primas.
José, el mayor de los cinco, ya se encontraba trabajando, pero sus hermanos se vieron obligados a dejar de estudiar para traer un jornal a casa. “Mi abuelo Francisco tenía 3 ó 4 años cuando mataron a su padre”, declara Jesús. “Y mi abuela Ana tenía 12. Ella estaba estudiando en el instituto Padre Luis Coloma y tuvo que dejar de ir”, enlaza Mercedes. La familia salió adelante como pudo y en casa, lo que le ocurrió a papá, por puro miedo: se convirtió en tabú.
“A mi padre apenas le contaron nada. Recuerdo un detalle que me contó. Él estaba en el colegio Madre de Dios y en casa dijo que quería ser de la falange, sin saber muy bien qué era aquello, ¿no? Él llegó todo ilusionado. Sus padres no le dijeron nada; pero sí un tío suyo de Trebujena: Juanito, tú ahí no te metas. Por favor, tú ahí no te metas. Pero nadie le contó la historia”, recuerda Nuria.
“En mi caso fue muy triste. Yo vivo aquí en Tenerife desde 2008. Y en 2016 fui de visita a Jerez. Un día, comiendo en casa de mi abuelo, salió en el telediario un político diciendo que los hijos de represaliados querían buscar a sus familiares para la paguita. Entonces, miré a mi abuelo, porque se le cambió el ánimo. No podía ni hablar. El hombre, con 80 y picos, tenía el ánimo asaltado. Lo tranquilicé un poco y ahí le pude sacar que a su padre lo habían matado. Yo sabía que mi abuelo buscaba a su padre, pero no sabía el motivo real: que lo habían fusilado, que fue un represaliado de la guerra”, cuenta Jesús. Fue ahí cuando él emprendió su búsqueda. Sin embargo, para Mercedes, el bisabuelo Juan siempre estuvo muy presente.
“Yo siempre escuché hablar de mi bisabuelo: el que desaparecieron. Mi madre habló mucho de él en casa porque cogió eso de su madre”, explica, al tiempo en que aclara: “El problema es que mi abuela Ana comunica esto a su hija menor, Pilar (su madre), y no al resto de sus hijos. Entonces la información la tenía mi madre y ella siempre nos habló de su abuelo. De que había que buscar a su abuelo Juan”. Mercedes menta que su abuela Ana “murió con la esperanza de encontrar a su padre”. “Mi abuelo igual”, añade Jesús.
Para Nuria, todo ese mutismo le ha dejado una sensación de vacío, de abandono. Pero el descubrimiento de sus antepasados, de su historia paterna, le ha traído enraizamiento y orgullo. “Antes era silencio y ahora he conocido a otra parte de mi familia que desconocía y que son buenas personas”, expresa. Para estos tres primos, la historia no se ha contado bien, porque no se podía contar. El relato está fracturado, difuso; incluso sellado.
El abrir (y no reabrir porque siempre estuvieron cerrados) espacios de diálogo, de encuentro, les ha producido sanación. “Gracias a conocer la historia de mi bisabuelo, entendí de donde vengo. Yo siempre he sido muy miedosa y mi padre también. Creo que nos ha transmitido muchos miedos; y creo que eso viene de esa historia, de ese trauma familiar no resuelto y silenciado que se transmite de generación en generación”, expone Nuria. Personalmente, Mercedes trata de seguir con la madeja de búsqueda que tejió su madre y su abuela: “Es una forma de sanación de toda esa historia personal y familiar”.
“Lo hacemos por él, por dignidad. Por su familia, pero principalmente por su mujer, por sus hijos, por nuestros abuelos”, concluye Jesús.
Semanas antes de este encuentro, quedamos con Amalia Ramírez García (Jerez, 1955), hija de Francisco Ramírez Arillo y tía de Jesús, en el parque de El Retiro. Ha venido a hablar de lo poquito que sabe de su abuelo, pero también ha venido a limpiar el memorial, a que el nombre de su abuelo Juan Ramírez Perales se lea bien y no se esconda más.
“Mi padre quería saber dónde está el cuerpo de su padre, pero él falleció en 2016… Para él era lo más importante, saber dónde está… Y esa es la pena que yo tengo”, articula emocionada. “Yo quiero darle ese logro a mi padre, de decir… Pero ya no lo vamos a encontrar desde luego… Al menos, que se sepa la historia, su nombre”, termina. Su nombre, insistimos: Juan Ramírez Perales.

Retrato de Juan Ramírez Perales.
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