“Mis abuelos fueron asesinados dos veces. La primera, físicamente por los fascistas. Y la segunda, por el silencio”. No fue hasta los 60 años de edad cuando Juan Máximo Hombre supo que sus padres habían sido asesinados en la primera semana del Golpe de Estado. Carmen Máximo, su hija, tenía 40. Fue gracias a un homenaje que Carmen empezó a tirar del hilo y a reconstruir la historia de sus abuelos. Juan Máximo Salazar y Carmen Hombre Ponzoa.
Juan Máximo provenía probablemente de Sevilla, de hecho pertenecía al PSOE sevillano, y su mujer, Carmen Hombre, era natural de San Fernando. Ambos se trasladaron a Jerez, convirtiéndose en una matrimonio muy activo, muy visible políticamente. Ella maestra y sindicalista de la UGT, él tipógrafo y concejal independiente de los trabajadores. Aquí Juan fundó el Partido Comunista de la provincia de Cádiz y juntos las colonias obreras jerezanas de El Puerto de Santa María, unas colonias que servían para cuidar a los hijos de los trabajadores durante el verano. En estas colonias apresaron al abuelo de Carmen.
Juan Máximo Hombre se quedó huérfano con tan solo 11 meses. Una monja lo sacó de la residencia donde ingresaron a su madre, escondido en una “cajita para niños muertos” y lo crió una tía segunda. “Mi padre jamás nos contó nada porque ni él mismo sabía muy bien lo que había pasado, se lo ocultaron. Lo protegieron enterrando toda la información”, relata. Carmen Hombre estaba además embarazada de 8 meses cuando la asesinaron. “En el homenaje contaron que las mujeres republicanas eran violadas y torturadas”. Las vejaciones y torturas eran habituales para estas mujeres, y hay testimonios de “una mujer embarazada”. La única en el paredón del cementerio de 8 meses era ella, Carmen Hombre Ponzoa.
En el homenaje, tanto Carmen Máximo como sus padres se enteraron a la vez de la historia de sus abuelos. Rubén, un compañero suyo, fue la persona que la ayudó a ir atando pistas. Al ser personas muy conocidas en Jerez, Carmen pudo ir encontrando a descendientes de personas que los conocieron. “Ha sido una reconstrucción poco a poco de toda esta historia, más la investigación que hemos hecho nosotros”, explica. “Conseguí información más rápido de mi abuela que de mi abuelo. A mi abuelo me ha costado muchísimo más, pero con el tiempo, con los archivos y con la ayuda de los compañeros de UGT he podido reconstruir esa historia. Conforme he ido avanzando y sabiendo, mi padre iba sabiendo también. Le he ido acompañando en este proceso. La única pega que tenemos es que mi padre no va a poder ponerle un ramo de flores a su padre y a su madre porque no sabemos dónde están sus restos”, cuenta Carmen.
La familia tiene documentos que acreditan su arresto por “rebeldes y marxistas” y también documentación del embargo de bienes. “Además de los asesinatos y el exterminio, se quedaron con los bienes de aquellos que asesinaron”, explica Carmen. Sin embargo, en esta historia tampoco hay rastro de sentencia o juicio. Sí hay una partida de defunción con los nombres de las personas que mataron. Respecto a la personalidad de ellos, han llegado algunas referencias, como que tenían fama de ser “buenísimas personas, implicadas y que adoraban a los niños”.
Para Carmen, conocer la vida de sus abuelos ha supuesto “un cambio de conciencia, un salto cualitativo brutal”. Ahora está muy implicada en cuestiones relacionadas con la memoria histórica y desea que adquirir conciencia sobre esto sirva para que la historia no se repita.
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