
José Pérez Jiménez (Jerez, 1956).
José Pérez Beas nace en 1897 y desaparece en el 1935, en la misma casa de la calle Alcaidesa, en pleno barrio de San Mateo, en el intramuros jerezano. Fue el abuelo de José Pérez Jiménez (Jerez, 1956), quien ahora nos cuenta su historia. José Pérez Beas estuvo casado con Rosario Mey, la persona que mantuvo viva su memoria. Como suele ocurrir con las personas fusiladas en la Guerra Civil, esta memoria se transmitió a base de pequeños fragmentos, a veces tan siquiera algunas palabras. Siendo José Pérez Jiménez un niño, su abuela Rosario le contó que un día al llegar a casa, su marido había desaparecido. Fue a la cárcel de la plaza Belén a buscarlo pero no estaba. Nunca más lo vio. No hubo sentencia ni rastro de su cuerpo. Simplemente desapareció y no quedó ninguna huella. La abuela de José Pérez fue quien le habló de su abuelo, sin embargo, su padre se mantuvo al margen. “No tengo recuerdos de mi padre hablando de mi abuelo, solo contaba que lo habían matado”.
José Pérez Beas era “un defensor de la República, un antisistema, un sindicalista”, en palabras de su nieto. Era también un trabajador de la Renfe y pertenecía a la FAI (Federación Anarquista Ibérica). A raíz de este suceso, también detuvieron a Rosario. “Encarcelaron a mi abuela, la pelaron al cero, le dieron aceite de ricino y la pasearon por Jerez”, cuenta José. Este aceite de ricino se usó como castigo y humillación pública contra mujeres consideradas rebeldes, feministas o, simplemente, familiares de opositores, ya que su ingesta produce diarrea violenta, náuseas y dolor.

José señala el nombre de su abuelo en el Memorial del parque del Retiro.
José recuerda con dulzura y admiración a su abuela: “Le gustaba mucho leer y tenía libros, pero la dejaron sin nada. Cuando entró el señor Adolfo Suárez al Gobierno dijo que iba a dar una paguita, pero ella dijo que no la quería”. Por dignidad, Rosario rechazó este dinero. “Mi abuela decía que mi abuelo era muy buena persona y que había perdido a la mejor persona de su vida”. En este momento a José se le quiebra la voz, imaginando la persona que fue su abuelo y sintiendo el dolor de su abuela viuda. Rosario se marchó a Barcelona cuando José tenía 10 años y él fue a visitarla hasta el final de sus días. La recuerda como una mujer fuerte y sonriente.
José Pérez Mey, hijo de José Pérez Beas y padre de José Pérez Jiménez, nació en 1918 y tenía 18 años cuando se lo llevaron a la guerra y falleció su padre. Años más tarde, sería policía y comunista. “Era de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y de Carrillo. Eran sus referentes políticos”, explica. Este ideal revolucionario fue lo que llevó a José Pérez (hijo y nieto) a meterse con solo 14 años en movimientos sociales. “Empecé entrando en unos movimientos católicos, en la Juventud Obrera Cristiana (JOC). Más tarde me marché a Madrid y a Barcelona. Ahí empecé a tomar contacto con algunos grupos sindicalistas. En Madrid entré en Unificación Comunista y me hice militante. En el año 1975, tras la muerte de Franco, recibí una amenaza y me dijeron que iban a por mí. La organización me dijo que no querían a más mártires, así que me volví a Jerez”.
José Pérez sigue poseyendo un espíritu crítico y combativo: “Cuando dicen que esta democracia la trajo el Rey yo digo que eso es una mentira como un camión. Esta democracia la trajeron la gente que lucharon, las cárceles llenas de sindicalistas y de políticos. Ellos fueron los que trajeron esta democracia. Esta mal llamada democracia. Aquí se han ido de rositas, siguen estando en los puestos militares. Esto está lleno de fascistas y de franquistas. No hubo justicia. España tenía en aquella época la mejor vanguardia de Europa, que venía de una lucha de 40 años contra un fascismo, contra un franquismo, pero la vanguardia se retiró.
¿Si tuvieras que describir con una palabra todo este proceso de recuperación de la memoria de tu abuelo, ¿cuál sería? “Esperanza de saber dónde está”. Como esperanzador en el mensaje que le manda a las nuevas generaciones: “Yo creo que tenemos la mejor juventud, la más preparada de la historia. El desconocimiento viene de la falta de ganas de haber transmitido a esa juventud lo que fue el franquismo, en las escuelas, en los medios de comunicación. Les diría que lean, que busquen, que aprendan y que no se dejen llevar por los mismos que dieron el Golpe de Estado”.
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