Investigación, Testimonios

JOSÉ MARÍA ANDRADES ZARCO

5 Feb , 2026  

ANA MARÍA BENÍTEZ MARTÍNEZ, ANTONIO JAVIER MONTERO GONZÁLEZ y EVA MARÍA DELGADO MARTÍNEZ Buscan el cuerpo de su tío abuelo, JOSÉ MARÍA ANDRADES ZARCO.

Ana María Benítez Martínez, Antonio Javier Montero González y Eva María Delgado Martínez.

“José María vivía en una casa de vecinos. Él, que estaba soltero, vivía con su padre, viudo. Una noche, llamaron a la puerta. Él estaba dormido; y su padre fue el que tuvo que ir a despertarlo. A decirle: José María están ahí por ti. Y esa fue la última vez que lo vio. Se lo llevaron”. Así narra Ana María Benítez Martínez (Jerez, 1963) el último día que vieron con vida a su tío abuelo José María Andrades Zarco, nacido el 18 de abril de 1913 en Chiclana, y desaparecido en Jerez días después del Golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

“Se lo llevaron a la casilla, que entonces estaba en el Callejón de Lepe —lo que hoy es la atención al ciudadano del Ayuntamiento de Jerez—. Eso lo habilitaroncomo cárcel nada más darse el golpe. Y allí lo encierran”, prosigue Antonio Javier Montero González (San Fernando, 1969), marido de Eva María Delgado Martínez (Jerez, 1972) y quien ha hecho las labores de investigación para conocer la historia y memoria de José María Andrades Zarco, hermano de Ana Andrades Zarco, abuela de las primas Ana Mª y Eva Mª.

De izquierda a derecha: Eva María Delgado Martínez, Antonio Javier Montero González y Ana María Benítez Martínez.

“Allí estuvo pocos días, porque su hermana, que es nuestra abuela, iba allí para llevarle comida… Pero a los pocos días le dijeron que ya no estaba. Mi abuela no consiguió ver a su hermano, pero sí logró que le pasara un mensaje de papel de estraza donde ponía: Aunque no estoy bien, no estoy mal del todo.”, comparte Eva María Delgado Martínez, nieta de Ana Andrades Zarco y prima de Ana María.

“Nuestra abuela… Yo es por lo que más me emociona este tema, porque mi abuela ha sido una persona tan buena, tan buena… que si conseguimos darle memoria a él, es pensando también en ella”, expresa emocionada Ana María. Además, tú llevas su nombre. “Sí, una persona muy buena, muy buena”, consigue terminar.

Ana María Benítez Martínez.

A José María lo crió su hermana mayor, Ana; porque la madre de ambos, Josefa Zarco Almagro, falleció muy joven, de viruela, cuando José María (el pequeño de 6 hermanos) tenía tan solo 23 meses de vida. Tanto Josefa como su marido, Antonio Andrades Campos, eran autóctonos de Benaocaz. Se trasladaron a Jerez de la Frontera por trabajo, buscando un jornal. Al principio se instalaron en la calle Conocedores, número 1; y luego se mudaron a la calle Pozo del Olivar, 12, donde creció toda la familia: Ana, Josefa, Remedios, María, Antonia y José María.

Ficha de empadronamiento de José María Andrades.

¿Por qué vienen a por él? Si bien José María trabajaba de albañil, no hay registros de que fuese sindicalista o estuviese afiliado a algún partido de izquierdas. Sus desdencientes creen que pudo estar señalado por ser íntimo amigo de Antonio Narbona Barrios, quien en 1935 atentó contra el líder falangista Joaquín Bernal Vargas, hermano del fusilado Paco Bernal Vargas, quien fue concejal de Izquierda Republicana en el Ayuntamiento de Jerez durante la Segunda República.

En el libro ‘Jerez en Guerra. 1º parte’, de Manuel Ramírez López y José Ignacio Gómez Palomeque, se puede leer cómo Antonio Narbona disparó contra Joaquín Bernal: “Cuando pasaban por la Porvera, un pistolero de la FAI, llamado Antonio Narbona, delante de los guardias impasibles, se acercó u apoyándole a Bernal la pistola en el vientre, disparó 2 veces. Inexplicablemente no cayó al suelo en el acto, siguiendo buen trecho hasta que sufrió un desvanecimiento”. No obstante, Joaquín Bernal no falleció en ese atentado. Y más adelante en la publicación aparece un listado de personas que fueron asistidos por la Casa Socorro de la calle Arcos y en el Hospital de Santa Isabel. Entre ellos, aparece un tal “José María, de 23 años, con heridas de diversa consideración”; cuadrando esa edad con la que entonces tenía José María Andrades Zarco.

Todo esto lo ha ido recopilando poco a poco Antonio J., para reconstruir la historia del tío abuelo “muerto en la Guerra”, como tantos otros… En casa, su abuela Ana Andrades Zarco apenas hablaba de su hermano pequeño. “Sí decía que tenía las revistas comprometedoras en aquella época, ¿no? Y las escondía para que no… (Silencio) Y ella se lo decía a José María: Hijo, ten cuidado. Y él le respondía: Ana, que no, que yo no hago nada. Eso siempre lo hemos escuchado… No hago nada malo”, recuerda una de las primas.

“Para nuestra abuela fue muy traumático”. Después de la desaparición de su hermano, Ana Andrades Zarco (abuela de Eva y Ana) dejó el número 12 de la calle Pozo del Olivar, para irse a vivir a un campito muy cerca de Guadalcacín. “Una vez que se le pasó el luto, volvió a aquella casa de vecinos con sus niños”, apunta Eva María. “Nuestra abuela vivió allí hasta su muerte”, continúa.

—¿Por qué creéis que vuestra abuela Ana no mentaba a su hermano en casa?
—Yo creo que no lo había superado. Nunca lo superó.
—Y ella ese tema… Era una cosa tabú.

“Eso es una constante que se da en muchas familias. Cuando ocurren estos hechos, muchos de los familiares lo que intentan en un principio es ocultarlo porque se sienten como los que han hecho algo malo. Vamos a callarnos, llevamos el luto, pero no decimos nada. Es decir, encima de que nos han matado al familiar, somos nosotros quienes nos tenemos que callar y no decir nada”, expresa Antonio J. “Yo creo que era miedo. Miedo. Porque tú no concibes que a tu hermano se lo lleven cuando tú crees que él no ha hecho nada”, añade su compañera.

Ante el silencio, Antonio Javier comienza a tirar del hilo con tan solo un nombre y una foto. “Empiezo con su partida de nacimiento y luego en el archivo de Jerez. Allí encuentro datos sobre cuánto pesaba, cuánto medía y su firma… Era una persona que sabía leer y escribir, era una persona con estudios. Entonces voy enlazando pistas hasta que monto una historia sobre José María. Esa historia que durante muchos años faltó en la familia. No se sabía nada. Absolutamente nada”, declara. Así fue también como dio con el nombre de José María Andrades Zarco en la libreta del Abuelo Viruta como el número 101 de desaparecidos en Jerez de la Frontera.

“¿Por qué lo hacemos? Para honrar su nombre”, apunta Antonio J. “Y por nuestra abuela”, agrega Eva María. “Yo por mi abuela sobre todo”, insiste. “Era como su hijo… Y ella, una persona tan buena… Y porque no quede en el vacío. Qué menos que las personas, familiares o no, conozcan también la historia de nuestro abuelo. Porque no rompen solo la vida del que se va, es la familia la que queda rota también”, sentencia Ana María.

Retrato de José María Andrades.

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