Investigación, Testimonios

ANTONIO RUIZ GÓMEZ

25 Feb , 2026  

MARÍA RUÍZ PANTOJA busca el cuerpo de su abuelo ANTONIO RUÍZ GÓMEZ.

María Ruíz Pantoja (Jerez, 1955).

María Ruíz Pantoja (Jerez, 1955), recuerda a su abuelo Antonio Ruíz Gómez, nacido en torno al 1908 y desaparecido en la calle Cantarería, en el barrio de Santiago, en una madrugada del 36. Antonio fue hermano del célebre bailaor Francisco Ruiz Gómez, conocido artísticamente como ‘Paco Laberinto’. Pero, ¿Qué se sabe del hermano que no pudo dejar su nombre escrito en ningún libro?

María relata que “lo sacaron de su casa, estando los niños acostaditos, y que se lo llevaron a la fuerza. Quién fue o quién no fue, no se sabe nada. Mi padre, el pobre mío, no tenía ninguna información, solo supo que se lo llevaron”. Antonio Ruiz era un trabajador del campo, pero María desconoce si tenía vínculo con algún sindicato. El padre de María no llegó a conocerlo.

“Lo que sé por las mujeres mayores del barrio, que me lo contaron cuando yo era muchachita, es que mi abuelo era muy guapo, que valía mucho y que era muy buena persona, que hacía favores a la gente”. A María se le ilumina la cara al recrear la cara de su abuelo, al trazar los rasgos de esta belleza imaginada. También le contaron que “tenía mucho carácter por defender las injusticias”.

La persona que más le habló de su abuelo fue una flamenca, vecina del barrio de Santiago, que murió hace ya 50 años y por la que María siente enorme gratitud, una mujer valiente que se atrevió a contarle cómo era su abuelo, por fuera y por dentro. Francisca, que así se llamaba, fue quien se aventuró a hablarle de Antonio Ruiz Gómez.

“A mí siempre me ha gustado hablar con las personas mayores, y fue ella quien me dijo esas cosas”. Sin embargo, su abuela, Josefa Medina Peña, jamás habló. “En aquel tiempo la gente no hablaba. Ella era una persona muy callada, de campo. Una mujer muy trabajadora que tuvo que sacar adelante a su propia madre y a sus 5 hijos. Era muy reservada y hablaba con sus hijos muy poco de esto. ¿Te imaginas cómo se quedaría mi abuela?”, reflexiona María.

Esta herida familiar provocó que sus hermanos y ella siempre hayan tenido inquietud por saber más sobre su abuelo y cuenta un suceso al que llama “la fatalidad de la foto”: “No tenemos ni una foto de él”, lamenta. “La única imagen que tenía mi abuela era una fotito que se la llevó a un fotógrafo, en la calle de la Merced, para que la sacara en grande. Este hombre fue demorando el pedido, hasta que murió y sus hijos desmantelaron el negocio. Tenemos esa pena de no saber cómo era físicamente”. Sin embargo, Francisca profundizó en algunos detalles que María cuenta emocionada. “De cara era muy dulce y se parecía a tu padre”, le contó a María esta gitana de Santiago.

María tiene la sensación de que en su familia siempre se han preguntado por su abuelo, pero que siempre han tenido la misma respuesta. “Decíamos, ¿y lo de pupá Antonio?, porque para los gitanos los abuelos son nuestros padres, las abuelas nuestras madres. Pero no había respuesta”. Aún así, a María le brillan los ojos y se le expande el pecho cuando trae a la boca la memoria de su abuelo. “Yo es que, sin conocerlo, le tenemos un amor que… de verdad. Y un vacío de no saber nada de él. Mis hermanos también tienen este anhelo. Al menos un retratito de pupá Antonio. ¿Cuánta gente desapareció en aquel tiempo?, se pregunta María. “Mi familia tuvo que hacer mucho para poder sobrevivir, siempre trabajando en el campo. Mi padre, por ser hijo de viuda, se libró de la mili. En mis primeros años de vida no pude vivir con mi padre porque él se dedicaba a cuidar de su madre”.

María, al igual que Francisca, es una mujer valiente que quiere alzar la voz por su abuelo. “Tenemos la carencia de que nos vamos a ir de este mundo sin saber nada. Su imagen, por lo menos. Pero la gente antes con el miedo tampoco hablaba. Con la muerte de Franco empezamos a hablar y a defender las cosas. Yo soy testigo de Jehová, pero fíjate lo que estoy haciendo, que no nos gusta entrar en política. Pero la desaparición de mi abuelo a mí me tiene marcada. Esto es una vivencia mía, una cosa de mi familia”.

María nos cuenta la historia de su abuelo Antonio.

Si tuviera que describir con una palabra este proceso, María pienso en “injusticia” por “defender simplemente unos derechos mínimos”. Pero a pesar de todo, María es una persona que mantiene la ilusión, y afirma con una paz que sobrecoge: “La esperanza que yo tengo es verlo. Estoy segura, por eso tengo ese anhelo. Sé que Dios me va a acoger, y a él también. Vivo con la ilusión de verlo”.

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