Antonio Montes de Oca Romero (Algar, 1895) fue profesor y una persona con fuertes ideales políticos. En 1917 se traslada a Jerez, donde conoce a Salvadora Gómez Venegas, nacida en Paterna de Rivera y criada en la jerezana calle Ramón de Cala. Se casaron en la iglesia de San Miguel y vivieron en la calle Balderramas, en el barrio de San Mateo. Antes de eso también habitaron una casa en Ramón de Cala y Molino de Viento. Estuvo preso en el penal del Puerto de Santa María, del 34 al 36. El 17 de julio del 36, la Guardia Civil fue a buscarlo a su casa, y él salió disfrazado por los tejados y consiguió escapar.
Pilar Montes de Oca (Mallorca, 1969), nieta de Antonio Montes de Oca, es periodista e historiadora. Cuenta de manera apasionada la historia de su abuelo, todos los datos que ha conseguido recabar tras años de investigación genealógica familiar. “Nací en el 69, sin redes sociales ni internet, pero siempre me apasionó la investigación y tengo mucho amor por la familia y por Andalucía. Mi madre me animaba mucho y me parece muy interesante explorar tus orígenes. Es un trabajo arduo pero muy gratificante cuando llegan los documentos”, explica Pilar.
De su abuelo sabe que del 36 al 42 vivió en la clandestinidad y dieron a su abuela por viuda de guerra, aunque la familia supo en todo momento que estaba vivo. En el 42 lo vieron por última vez, cuando uno de sus hijos fallece con 10 años. Antonio Montes de Oca acude al entierro y se integra en el cortejo fúnebre. Así lo vieron los vecinos y su propia mujer, que para ocultar la evidencia dijo que era “su hijo mayor”. De alguna manera, esta fue su despedida. A partir de ese momento, Antonio desaparece y rehace su vida con otra persona, en el Puerto de Santa María, donde tuvo 4 hijos. Nunca más volvió, para no comprometer su propia vida ni la de su mujer e hijos.
Pilar Montes de Oca explica que hay muchas incógnitas sobre esta clandestinidad en la que vivió su abuelo. Especialmente le asalta una duda, ¿quién se encarga de mantener su tumba en el Puerto? La encontró bajo el nombre de Antonio Monte de Oca, sin la “s” final en Montes. En la lápida habla de unos hijos, pero no son los que tuvo en Jerez junto a Salvadora.
“Mi madre siempre habló de mi padre. Tenía buenos recuerdos y defendía sus ideas políticas en una España oscura y sombría. También tenía recuerdos de algunos regalos que le hacía, como un muñeco de barro o unas alpargatas. Era una familia muy pobre”, explica Pilar. También sabe que con su hijo mayor se vio durante un tiempo por los campos, aunque fue un tema tabú.
Para Pilar, este proceso de recuperación de su memoria se define con la palabra dignidad, “por recuperar las vidas destrozadas por ideas políticas y una separación familiar por culpa de unas ideas que te imponían. No había libertad, te mataban si no pertenecías a un bando. Es muy injusto que tuviera que pasar todo esto”.
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