Investigación, Testimonios

ANTONIO COBOS PEÑA

20 Feb , 2026  

MARIA LUISA COBOS PEÑA, busca a su tío ANTONIO COBOS PEÑA.

María Luisa Cobos Peña (Jerez, 1954).

“Mi tío le dejó una nota a un compañero para que se la llevara a su madre, mi abuela Ana Peña Ruiz; en la que le decía: Mamá, mándame una muda porque me han cogido saliendo del trabajo; y él se quería cambiar. Cuando mi abuela fue a llevarle la muda; le dijeron que lo habían fusilado. Fue cogerlo y matarlo”. Cuestión de horas. Su sobrina, María Luisa Cobos Peña (Jerez, 1954) recuerda la memoria de su tío Antonio Cobos Peña, fusilado tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936.

“A mi abuela la detuvieron justo después. También encarcelaron a mi tío Manolo, el mayor, y a mi tía Ana, con tan solo 16 años de edad. Las dos más pequeñas de la familia, mi tía Filomena y mi madre, Mª Carmen, se quedaron en la calle”, enlaza María Luisa, quien lleva con orgullo el nombre de su madrina, su tía Ignacia Cobos Peña, conocida históricamente como María Luisa Cobos Peña, referente anarcosindical e impulsora del feminismo revolucionario y de clase en Jerez de la Frontera, creadora del sindicato Emancipación Femenina y del colectivo anarcofeminista Mujeres Libres, durante el Golpe de Estado.

“A mi tía María Luisa no la cogieron porque estaba en Madrid cuando estalló la guerra”, añade. Si bien fue su hermana Ignacia ‘Maria Luisa’ la que se señaló políticamente durante la República, ¿por qué apresan a Antonio, el cuarto de los siete hermanos? “Por venganza”, sentencia su sobrina. “Porque allí no hubo guerra. Jerez no llegó a la guerra. ¿Por qué meten a la madre en la cárcel? ¿Por qué? La única que se había dedicado a la política era mi tía María Luisa. Yo creo que fue por venganza hacia mi tía”, manifiesta.

María Luisa Peña con Mª Carmen, (madre de María Luisa).

“Cuando mi tía Ana me deja en Madrid con mi tía María Luisa, yo tenía 15 años y ella lo primero que hizo fue contármelo todo. Estuve ahí un mes y pico con ella y con mi madre; y me lo fue contando todo. Todo. Y ahí es donde yo me enganché. Por enterarme realmente de esa historia, de la lucha de mi tía y de mi familia. De mi tío, al que mataron. Siempre escuchaba ‘el tito Antonio que murió…’. No murió, lo mataron, lo fusilaron, sin haber hecho nada. Porque que yo sepa, él no estaba metido en política. Ni mi tía Ana, ni mi abuela. Y a él lo mataron y ellas dos estuvieron encarceladas un año”, relata Cobos Peña.

“Ellos tenían su vida y mi tía María Luisa tenía su lucha. Ella y sus compañeras eran unas avanzadas. Yo veo a las feministas de ahora, ¿no? Y digo, no están abriendo la brecha. Ellas la dejaron abierta. Lo que hay que hacer ya es el camino. Y no dejarse vencer y seguir para adelante, ¿entiendes? Y seguir manteniendo nuestra capacidad como mujer, de independencia, de autogestión… Y por eso luchó mi tía también. Mi tía más que política fue feminista. Aparte de que luchara por los derechos de las personas. Su lucha fue feminista”, reitera con orgullo.

María Luisa cuenta que su madre Mª Carmen mentaba constantemente a su hermano Antonio, a quien fusilan cuando ella tenía tan solo 11 años de edad. “Los pequeños tenían mucha unión. Ella decía que él era muy chistoso, muy gracioso, que jugaba con ellas… Y no entendían que le quitaran a su hermano de una manera tan brutal. Entonces, mi madre hablaba de él; y mucho. Decía que le gustaban los pajaritos, el cine, que siempre estaba alegre…”, comparte María Luisa.

Antonio Cobos Peña, nació en el año 1918 en el barrio de San Miguel. Estudió esperanto (la lengua planificada internacional más difundida y hablada en el mundo) y trabajó como proyeccionista de cine en el municipio. En julio del 36, al salir del trabajo, fue apresado y fusilado a los 18 años de edad por el bando franquista. Su hermana Filomena siempre mantuvo que sus restos fueron arrojados en la Joyanca (San Telmo). No obstante, en la actualidad se desconoce dónde descansa su cuerpo, que sigue desaparecido.

Libro de Esperanto.

“Mi madre era muy espirituosa. Ella decía que su hermano Antonio estaba detrás de ella siempre. Y hasta que murió, a los 90 años de edad, lo mantuvo: que su hermano estaba con ella. Decía que él cuidaba de ella”, declara su hija. “Por eso yo también lo he tenido cerca, ¿no?”, sonríe. No hubo juicio ni sentencia para su tío.

“De él se hablaba en casa, pero a mi abuela nunca la escuché hablar de política. Nunca, nunca”, recalca María Luisa. ¿Por qué decide buscar el cuerpo de su tío Antonio? “Sinceramente, yo no soy de meter los dedos en la llaga para sacar más dolor. Y a mí no me va a resolver nada ni a nadie, pero por él, ¿no? Por él”, contesta. “Es que no hay reparación para eso. Es que es imposible. Para el dolor de eso no hay reparación. Eso es para siempre”, concluye.

—María Luisa, entonces quizá para usted la palabra pueda ser: conocimiento; y que no se olvide la historia.

—Sí, puede ser. Que no se olvide, claro que sí. Es muy bonito eso. Que se sepa, sí. Quizá lo que voy a decir suena fuerte, pero para mí es más importante que se sepa la historia que yo tener los huesos de mi tío, ¿no? Para mí eso es más fuerte.

Un retrato de Antonio Cobos Peña.

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