Investigación, Testimonios

ANDRÉS DOMÍNGUEZ PAVÓN

26 Feb , 2026  

JUAN MARTÍN PRUAÑO busca el cuerpo de su tío materno ANDRES DOMÍNGUEZ PAVÓN.

Juan Martín Pruaño.

Andrés Domínguez Pavón nació en 1907 en la calle Molino del Viento. En abril del 36 se casa con Manuela Pruaño García, vecina de la calle Molineros. En septiembre del mismo año lo matan. En palabras de Juan Martín Pruaño, sobrino de Andrés, su tío materno tuvo “una vida muy complicada, pero tuvo carisma, alma de líder y fue muy buena persona”. Siendo un niño fallece su padre y siendo joven su madre, por lo que se queda como cabeza de familia. La trayectoria vital de Andrés Domínguez estuvo marcada por otros dos sucesos importantes: pasó el servicio militar en el norte de África y fue trabajador de la bodega de Williams desde los 14 años, donde se vinculó al sindicato de toneleros en los últimos tiempos. Cuando estalla la guerra, él estaba de encargado.

“Él se expresaba muy bien y sus compañeros lo convencen para que se presentara a presidente del comité en las elecciones sindicales”, declara su sobrino. Fue este don de palabra y carisma de líder lo que marcaría su cruel destino. “A los tres meses de estar casado salta la guerra y un vecino les dice (aunque no como advertencia, sino como amenaza) que iban a ir a por él. Mi abuelo era capataz de una viña por Los Albarizones y Andrés se fue allí a encontrar refugio, pero decide marcharse para no comprometer la vida de su familia. De ahí se va a la finca de un amigo en El Serrallo, pero alguien lo chivata. Cuando llegaron a por él se metió dentro de un pozo, y pudo sobrevivir unas horas gracias a una cañita por la que fue respirando. Como no lo encontraron, amenazaron de muerte al dueño de la finca. En este momento tuvo que pedirle a Andrés que se marchara, era elegir entre la vida de su amigo o su propia vida”, relata Juan. “Andrés se marchó a finales de julio y el 6 de septiembre es la fecha de la partida de defunción”.

Juan con el retrato de su tío Andrés.

Por inesperadas coincidencias de la vida, Juan tuvo la suerte de conocer a Julio, un hermano de Andrés que se marchó a Madrid a trabajar de cocinero. Él fue quien le contó que “Don Guido, dueño de Williams, quiso ayudar a Andrés a escapar, marchándose a Londres vía Gibraltar, pero Andrés se negó. Decía que no había cometido ningún delito, solo ayudar a sus compañeros, que no podía pasarle nada por eso. Confiaba en que en unos días todo se calmaría. Pero se equivocó, lo mataron”. Julio también le contó que “a Andrés todo el mundo lo apreciaba y lo quería”. Juan piensa que su tío fue “un luchador, que ayudó tanto a sus compañeros de trabajo como a sus hermanos, que estaban en el hospicio. Era una persona buena, un santo”. El desenlace de la vida de Andrés está marcado por la sombra de su vecino de casa. Primero aireó que vendrían a por Andrés, y más tarde se alegraría de su asesinato e incluso firmaría la partida de defunción. “Mi tía la pobre lo pasó fatal. Contaba que este hombre lo primero que hizo fue regalarle a mi tía un pintalabios. Ella se lo tiró a la cabeza”.

Juan señala el nombre de su tío en el Memorial del parque del Retiro.

Juan se crió con su tía Manolita. “Yo sabía que era viuda, pero nunca que habían matado a su marido en la guerra. Hasta que en los años 80 salió una ley, una pensión para las mujeres viudas de estos años. Ahí es cuando mi tía empieza a hablar y nos encontramos con esta historia tan rocambolesca. Ella mencionaba mucho a su marido, pero no dice que lo habían matado. Tenía un miedo atroz, sentía pánico”, explica Juan.

“De eso no se habla” es probablemente la frase más repetida en su ámbito familiar. “Tenían una angustia y una ansiedad tremenda”. Juan siente un profundo cariño por su tía, “lo más importante que Dios le ha dado”, por lo que conocer más de cerca su historia y la de su marido le ha traído mucha satisfacción. Manuela cogió una depresión cuando mataron a Andrés, pero a los muchos años, cuando comenzó a hablar de él, se convirtió en otra persona. “La pensión que tuvo como viuda era más pequeña que otra anterior, sin embargo, ella estaba orgullosa de tener esta pensión por la muerte de su marido. Con esa satisfacción del reconocimiento disfrutó de sus últimos años de vida”.

Juan reflexiona sobre la implicación emocional de investigar y visibilizar la memoria histórica en el presente: “Deseo que los políticos y la sociedad aprendamos de nuestra historia. Tenemos una memoria muy frágil. La crispación trae crispación, estamos generando mucha violencia en esta sociedad. Perdemos de vista a qué nos condujo la agresividad, 3 años de guerra terrible y una posguerra. Vamos a fomentar la tolerancia y la solidaridad, de un lado y del otro”.

Retrato de Andrés Domínguez Pavón.

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