Investigación, Testimonios

PACO BERNAL VARGAS

26 Feb , 2026  

La familia BERNAL busca el cuerpo de PACO BERNAL VARGAS.

Silvia Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1975), junto con su prima Susana y sus hermanas Inma Rodríguez-Tenorio Bernal (Cádiz, 1970) y Rosa Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1962).

Paco Bernal Vargas (Jerez de la Frontera, 1895) fue concejal de Izquierda Republicana en el Ayuntamiento de Jerez, tras las elecciones del 16 de febrero de 1936. Cinco meses estuvo en el cargo. El 18 de julio: Golpe de Estado. Y la corporación municipal: los primeros señalados. “Don Guido Williams, dueño de la Bodega Williams, le dijo: Paco, vete a Gibraltar, vete para Reino Unido; allí no te pasará nada. Pero él dijo que no tenía nada que temer, que él no había hecho nada”, explica Susana Bernal Gutiérrez (Jerez, 1966), nieta de Paco.

No obstante, viendo cómo iban arrestando a cada uno de sus compañeros, Paco decidió esconderse en la calle Rompechapines. Hasta que finalmente alguien dio el chivatazo y lo arrestaron los falangistas, siendo el líder de ellos en el municipio, su hermano Joaquín Bernal Vargas. “Si no fue él quien lo denunció, no hizo nada por salvar a su hermano”, protesta Susana.

De Jerez, se lo llevaron a la cárcel de Sevilla. “La abuela Rosario iba todos los fines de semana a visitarlo. Hasta que un sábado, el 29 de septiembre de 1936, le dijeron que Francisco ya no estaba. Le dieron sus
cosas: su reloj, sus gafitas del cerca y mi abuela se vino para casa… Ya nunca más se supo nada de él, absolutamente nada”, cuenta Silvia Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1975), quien junto con su prima Susana y sus hermanas Inma Rodríguez-Tenorio Bernal (Cádiz, 1970) y Rosa Rodríguez-Tenorio Bernal (Jerez, 1962) se encuentran reunidas en el memorial del parque de El Retiro para arrojar luz a la historia de su abuelo Paco Bernal Vargas, “una persona buenísima”

“Cuando mi abuelo estuvo en la cárcel, en las cartas que le escribía a mi abuela Rosario, el ponía: méteme en la bolsa un pantalón porque tengo aquí un compañero que no tiene. Le pedía medicina, zapatos… Todo para los demás. Era una bella persona”, recuerda Rosa. “Mi abuela nos contaba que él todos los domingos compraba dulces. Cuando llegaba a la casa, el primer dulce se lo daba a las chicas que trabajaban en casa, las trataba como si fueran de la familia. Era muy humano”, enlaza Inma. Les brillan los ojos. Ninguna llegó a conocerlo, pero en parte, Paco sigue vivo gracias a sus gestos, a su buen hacer y al anecdotario familiar que elaboraron quienes lloraron su ausencia.

Natural de Jerez, Paco trabajó durante años en la Bodega Williams, poco a poco fue ascendiendo en la empresa hasta llegar a ser apoderado. Militante de Izquierda Republicana, Paco tuvo 4 hijos con Rosario Melero Llobet (Jerez, 1897): Joaquín, Gabriel, Francisco (padre de Susana) y Rosario (madre de Inma, Rosa y Silvia). Tras su desaparición, su familia se ve sumida en la miseria. “Con todo el dolor, mi abuela tuvo que venderlo todo: libros, muebles… Todo. Y el 24 de diciembre del 36, mi abuela se va con mi madre y sus hermanos a Madrid, porque pensaban que un familiar les iba a ayudar”, expresa Rosa.

“Mi padre cuenta que ellos tenían una vida buena. Me decía que lo que echaba mucho de menos era no haber podido seguir estudiando, porque se tuvo que poner a trabajar con 11 años, en Madrid. Y él cuenta eso, que ellos habían tenido una vida muy buena. Que veraneaban y que en su casa no faltaba de nada. Y, de buenas a primera, todo se vino abajo”, expone Susana, hija de Francisco Bernal Melero. “La raíz de todo esto es que todo el mundo se quedó traumatizado”, espeta Silvia. “Mi padre nunca lo superó”, incide Susana, con la voz rota.

Y en el caso de Rosario, el asesinato de su padre cuando ella tan solo tenía dos años de edad, la marcó para toda su vida. “Porque sintió la soledad y la tristeza de una madre que se quedó viuda, que tuvo que vender todo lo de su marido”, continúa Susana. “Ella recuerda cómo su padre se ponía en el balcón de su casa y le enseñaba las estrellas. Lo perdió siendo tan pequeñita… que eso la impactó”, narra Silvia. La hija pequeña de Paco supo lo que era la tristeza desde bien pequeñita “porque se la trasmitió su madre”.

A su abuela Rosario la recuerdan como “una mujer triste, muy triste”. “Yo a mi abuela no la recuerdo sonriente, ni una persona amorosa con nosotras. Era una persona más bien… metida para adentro. Y gran parte de ella murió cuando murió su marido, sí”, coinciden las cuatro nietas. En una época donde la dictadura franquista venció en el territorio nacional, los cuatro hijos del matrimonio heredaron el estigma y el señalamiento social. “El en colegio a mis tíos les decían: Rojo, a tu padre lo han matado”, nombra Rosa. “Mi tía Charo también me contó que sus hermanos mayores, Joaquín (14) y Gabriel (13), tuvieron un enfrentamiento con otro chaval que se metía con su padre y volvieron chocaos”, apunta Susana, a lo que continúa su prima Rosa: “Era duro. Los niños volvían llorando a la casa, porque ellos se sentían discriminados por la situación”.

“Entonces la abuela, dijo: Esto no va a ser vida para mis hijos, porque van a estar señalados por ser hijos de Francisco Bernal, que realmente era un personaje en Jerez; y más siendo hermano de uno de los máximos dirigentes de la falange. Fue algo muy llamativo aquí en Jerez”, sostiene Susana. De ahí que decidieran poner rumbo a Madrid a finales de año.

La familia se asentó en la capital española hasta que los mayores cumplieron la mayoría de edad. Pero Rosario, la pequeña, se volvió a su tierra, a vivir con una familiar, porque “no se adaptaba” a la gran ciudad. “Para ella era una vida muy triste. Entre otras cosas, por la forma de hablar. Allí en Madrid hablaban mucho de vosotros y ella decía ustedes… Y eso a ella le creaba como un malestar”, comparte Silvia. Sus hermanos crecieron en Madrid y conocieron allí a sus respectivas parejas. Y con el tiempo, la familia al completo regresó al municipio jerezano.

En casa, el abuelo Paco siempre fue mentado, pero del tío abuelo Joaquín, poco se hablaba: “Solo sabíamos que fue el hermano que no hizo nada por ayudarlo”. “Yo nunca escuché su nombre”. “Yo escuché: su hermano, el que lo pudo salvar y nunca lo salvó”. Paco Bernal Vargas no pudo despedirse, pero sí logró cartearse brevemente con su mujer Rosario. ¿Qué decían esas cartas? “Esas cartas hablaban de un hombre enamorado de la vida. Buenísimo. Con esperanza de salir. En ningún momento pensó que le iba a pasar lo que le iba a pasar… Porque él tenía la conciencia tranquila”, contesta Silvia. “Tranquilizaba a mi abuela: No te preocupes, nena, que yo voy a salir pronto. Yo sé que esto son unos días, vamos a seguir con nuestra vida…”, continúa su hermana Rosa.

Después de la pérdida de su marido, Rosario estuvo años sin meterse en la cama, procuraba descansar, si lo conseguía, en una mecedora. Sus nietas insisten en que se llevó al menos dos años sin dormir. “Ella tenía la esperanza de que algún día volvería su marido. Pero claro, esa esperanza, con el tiempo, se fue”, indica Inma. “Yo creo que lo peor del mundo es la incertidumbre cuando pierdes a alguien y no sabes nada. Ha desaparecido, ¿lo han matado? ¿dónde está el cuerpo?…”, añade su hermana Silvia.

Por lo que ha podido averiguar un sobrino de la familia, es probable que los restos de Paco estén en una fosa común en Sevilla. Desde que en Jerez se abrió un diálogo, un espacio para que los familiares de víctimas del Golpe de Estado pudiesen sanar las heridas que provocó el régimen franquista, la familia creó un grupo para poder hablar y compartir datos sobre el abuelo Paco. “Empecé a contactar con primos y primas”, dice Susana, con la intención de recabar toda la información posible para reconstruir la historia de Paco Bernal Vargas. Su relato y el toda la familia que dejó atrás.

De hecho, es gracias a esta entrevista, cuando las primas se reúnen en persona después muchos años sin verse. “Todo esto nos ha traído mucha alegría”, murmuran. “La siguiente reunión en tu casa, viendo fotos”, le dice una prima a la otra. Sus padres, Paco y Rosario (quienes heredaron el nombre de sus progenitores), siempre tenían presente la figura del abuelo Paco. “Él iba a casa de mi madre y tenían largas conversaciones sobre su padre y su pasado”, menciona Silvia. Tradición que hoy esperan continuar en la familia. Reunirse. Verse. Contarse. Recordar.

“El legado más grande que nos ha transmitido nuestro abuelo ha sido la bondad, el ayudar a los demás. Yo creo que eso lo tenemos todas en el ADN”, concluyen las primas.

Retrato de Paco Bernal Vargas.

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