
José Antonio García Giráldez.
Bicho malo era el apodo de Antonio Giráldez Medina, nacido en Olvera en 1911 y fallecido en El Torno (Jerez) en 1964, tras pasar una vida llena de tránsitos entre distintas prisiones, campos de concentración y pueblos andaluces con el bando republicano. Pero ya se sabe, bicho malo nunca muere.
José Antonio García Giráldez, su nieto, es la persona que nos transmite la historia de este hombre “con fuertes ideales, trabajador del campo, posicionado en la defensa de los trabajadores y militante de UGT”. Gracias al testimonio de su nieto podemos conocer la vida de uno de los republicanos más activos de la Sierra de Cádiz, Serranía de Málaga y el mediterráneo andaluz. José Antonio García ha conseguido el consejo de guerra, con el que ha podido averiguar muchos datos, incluso declaraciones suyas. “Él habla del alzamiento de Olvera, su unión a las milicias populares en Ronda, el tránsito por los diferentes pueblos de la serranía y su posesión del cargo de sargento de la brigada”, explica.

José Antonio, nos narra la historia de su abuelo mientras sostiene un retrato de el.
El alzamiento en Olvera sucedió en la noche del 27 de julio, y de ahí se fue a Ronda buscando a gente para incorporar a las milicias. Después iría a Málaga y más tarde a Almería, donde se produce La Desbandá. Este suceso histórico, conocido también como la masacre de la carretera Málaga-Almería, fue un ataque a civiles y milicianos en febrero del 37 por parte del bando sublevado. Tras su victoria en la batalla de Málaga, éste realizó el ataque desde mar y aire a las milicias anarcosindicalistas y a la columna de civiles que huían de Málaga.
A pesar de que Antonio Giráldez estuvo presente en este trágico acontecimiento, en el que murieron unos 5.000 civiles, él consiguió sobrevivir. Huyó a Almería, donde fueron guerreando por los pueblos de la Alpujarra: Berja, Torvizcón, Trevélez, Gualchos… hasta que la unidad tuvo que rendirse y acabó en Huétor Santillán (Granada) y luego en un campo de concentración en Padul, en la sierra granadina, y de ahí pasó a la prisión de Jerez, en 1940. Según el expediente carcelario, tras Jerez lo mandan a Dos Hermanas. “Creemos que estuvo en alguna de las colonias penitenciarias militarizadas, unos campos de concentración. Aquí los presos trabajaban en la construcción de los canales, en este caso el canal del Bajo Guadalquivir”, relata su nieto.

Documentos del campo de concentración donde estuvo Antonio Giráldez Medina.
Su sentencia fue de 30 años de prisión por “adhesión a la rebelión”, aunque consiguió salir antes de prisión, no se sabe si por conmutación de penas por haber trabajado en los campos de concentración o por enfermedad, pero consiguió salir, y es en este momento en el que conoce a su esposa, abuela de José Antonio: Clotilde Giráldez. En el año 51 nace su primer hijo y se asientan en El Torno. “Mi abuelo yo no sé cómo sobrevivió, porque por menos mataban a la gente. No sé si era útil para algo o que directamente tuvieron que cortar un poco el grifo con las ejecuciones”, añade.

Documento de entrada a prisión de Antonio.
“Él en un principio trabajaba en el campo, pero según cuenta mi madre, él tenía ciertos estudios, sabía leer y escribir, no era analfabeto. Incluso lo mandaron cuando era un chaval a Sevilla con una familia para que estudiara. Puede que fuera allí donde conoció sobre ideología e historia, algo que quizás le abriera un poco la mente. En un principio trabajó en el campo y después ya su oficio fue el de barbero, la profesión que seguramente ejerció en la prisión y campos de concentración”.
La madre de José Antonio tenía 10 años cuando su padre murió, por lo que ella y sus hermanos pasaron una infancia muy difícil, cuidados por familiares y amigos cercanos que ayudaron con la crianza. “Mi madre lo recuerda con un maletín de barbero, en el bar y sabe que los párrocos querían que fuera a misa y él decía que no”. Esta historia afectó a toda la familia: por una parte, por crecer sin referencia paterna, y por otra, por el hambre que todos pasaron. A día de hoy, José Antonio detecta esta carencia por comentarios al respecto. La ausencia de figura paterna es algo que también les ha acompañado siempre, solo tenían algunos datos, pero no conocían su historia de vida en profundidad. “Toda esta historia se ha reconstruido ahora, hace dos años. Hasta octubre de 2023 mi madre no conoció la cara de su padre por una foto del consejo de guerra”, relata José Antonio visiblemente emocionado. “A ella le hubiera gustado conocerlo, haberse criado con él, por mucho que la otra familia la tratase como una hija”.
Sobre la reparación que otorga la reconstrucción de la memoria, José Antonio piensa que esto ha traído cierto alivio a su madre. “Entiendo que ese es el objetivo que me propuse yo personalmente. Esto trae verdad a su vida, justicia y reparación. Por lo menos sabe quién es su padre y puede sentirse orgullosa de su padre, de que al final haya muerto por una democracia o por unos valores”. José Antonio también hace un llamamiento a no olvidar la historia de los barrios construidos alrededor de los campos de concentración en los que trabajaron los presos políticos. “Las familias desplazadas habitaban en chozas, tiendas o chabolas alrededor del campo de concentración. Mientras sus maridos o padres trabajaban, ellas vivían en condiciones muy difíciles”.
Todo esto lo narra José Antonio en el memorial de Jerez donde aparece el nombre de su abuelo, algo que le consuela y alegra, que la ciudad en la que pasó media vida lo reconozca. “Ahora tenemos un lugar cercano donde honrar su recuerdo, un reconocimiento digno en la tierra en la que vive su familia”.

Retrato de Antonio.
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