Investigación, Testimonios

JUAN GARCÍA GUERRERO

20 Feb , 2026  

JUAN TRONCOSO GARCÍA busca el cuerpo de su abuelo materno JUAN GARCÍA GUERRERO.

Juan Troncoso García (Jerez, 1962) con un retrato de su abuelo Juan García Guerrero.

“Yo sé que mi abuelo Juan era trabajador de la fábrica de botellas, que era sindicalista y que lo cogieron. Mi tío Manolo, que era el mayor, y mi tío José, estuvieron buscándolo. Y nada, hasta el día de hoy, desapareció del mapa”, relata su nieto Juan Troncoso García (Jerez, 1962). “Estuvieron buscándolo durante un tiempo, pero nada. No hay registros de él, su nombre no aparece por ningún lado”, enlaza. Menos en la libreta del abuelo Viruta, “ahí sí sale”.

El nombre de Juan García Guerrero en el Memorial del Parque del Retiro.

De lo que ha podido recabar su nieto, Juan García Guerrero nació en Medina Sidonia, se trasladó a Jerez, a la calle Balderramas número 8, en el barrio de San Mateo. “Me imagino que sería para trabajar en la fábrica de botella”, donde curró hasta que desapareció; creen que por su implicación por los derechos de los trabajadores, por ser sindicalista. Se casó con Rosa Ortega Quero, que era lavandera en la Parra, en la base aérea de Jerez de la Frontera. Ambos tuvieron cuatro hijos: Manolo, José, Paco y Ana, la pequeña y madre de Juan Troncoso García.

“Manolo, que era el mayor, trabajaba de aprendiz, de marmolista, y era el que mantenía a la familia. En aquella época ganaba dos pesetas, me parece. Los dos mayores comían con el dinero de Manolo; y mi madre, Ana García Ortega, y Francisco García Ortega, los pequeños, comían en Las Angustias”, comparte Juan. Información que recibió por parte de la Asociación de Amigos y Familiares para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jerez, gracias a las pesquisas de Antonio Vidal. Porque en casa, todo era silencio.

De izquierda a derecha: Francisco, Ana, José y Manolo.

Juan no supo de la existencia de su abuelo materno hasta que un día, con 25 ó 30 años de edad, abrió una libreta de su padre, Salvador Troncoso Blanco (Jerez, 1917), donde tenía apuntado nombres de la familia. Entre ellos, uno que nunca había escuchado antes: Juan García Guerrero. “Me fui a mi tío José y le pregunté. ¿De dónde has sacado tú ese nombre?, me dijo. Entonces le enseñé la libreta, que todavía guardo en casa. Y fue él, José, quien me dijo que ese era mi abuelo”, narra.

Juan Troncoso García nos narra la historia de su abuelo Juan García Guerrero.

Tarjeta de abastecimiento con el nombre de Rosa Ortega Guerrero.

Su tío José se colocó en la fábrica de botella después de que un compañero le preguntara: ¿Tú eres hijo de Juan García? ¿Quieres trabajar en la fábrica de botella? Y él, que se encontraba en el paro, mal trabajando en el campo, consiguió colocarse, manteniendo el relevo generacional de su padre. Su sobrino Juan Troncoso intentó recabar información en la fábrica, pero no había nada. Ya era tarde, los antiguos compañeros de su abuelo también habían fallecido. Lo poco que pudo conocer de la personalidad de su abuelo es que fue un luchador, con un carácter bastante fuerte, “para meterse en aquella época de sindicalista…”.

Su historia, su nombre, su existencia y su paradero: todo era tabú en la familia y en la ciudad. “Nunca supe de mi abuelo. No crecí con él, digamos. Para mí no existía”, confiesa. “Mi madre tampoco me contó nada, ella murió joven, con 57 años. El mayor, Manolo, también murió. Le pregunté a la hija, a mi prima, pero me dijo que su padre no le contó poco, sino nada”. ¿Cómo se explica ese mutismo? “Creo que sería miedo. Y existió el miedo hasta las últimas horas, como quien dice”, contesta.

¿Por qué decide buscar el cuerpo desaparecido de su abuelo? “Yo más que nada por saber. Y por mi madre y por todos ellos. Porque una Guerra Mundial es mala, pero una Guerra Civil yo creo que es peor, porque yo creo que se matarán entre hermanos, como quien dice, pensando en lo que pasarían…”, responde entre lágrimas. “Pena” es lo que siente Juan cuando tiene que pensar en todo este proceso de recuperación de la memoria de su abuelo.

Retrato de Juan García Guerrero.

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